Fedora

“¡¡Fedora!!” se oye en “off”. Un grito desgarrado, el rostro demudado de una mujer cubierta por un velo, que se lanza al encuentro de un tren de mercancías. Fedora, la gran estrella, ha muerto.

Así comienza la penúltima película de Billy Wilder, y diría que su última obra maestra. El ímpetu de esta escena nos lleva al funeral en Corfú de la antaño gloriosa estrella del Hollywood dorado. En ella aparece un espectador de lujo, el productor Barry Detweiler, que intentó durante semanas convencerla para un regreso a la pantalla. Fedora, la actriz a la que los años esquivan, vive recluida, casi prisionera de una extraña condesa, una odiosa dama de compañía, un violento chofer y un atormentado cirujano plástico. Fedora fue grande, fue amada y odiada a la vez, iluminó con su presencia grandes películas y se retiró consumida por el amor y por el miedo a envejecer, el mayor delito que una actriz de Hollywood puede cometer. Detweiler, quien la amó en su juventud, va modelando la historia de la diva mediante conversaciones con quienes la rodearon en sus últimos años, para descubrir que Fedora ocultaba muchos secretos tras su rostro de porcelana y su mirada de espejos.

Revisión de un tema que ya llevó a su punto más alto el propio Wilder con “El Crepúsculo de los Dioses”, el director vienés firmó una de sus obras más personales y patéticas al retratar la gran mentira que es el cine, donde sólo vales lo que vale tu última película, y donde el físico es la única herramienta de trabajo sin recambio y de la que no se puede prescindir. Wilder plasma en la pantalla ni más ni menos que la fealdad, a pesar de la extraña belleza de Fedora. Utiliza a su antaño “chico de oro”, William Holden, y transforma su apasionado personaje de Joe Gillis (en “El Crepúsculo…” y a quien debo el seudónimo) en el mucho más escéptico y desencantado Dutch Detweiler. Cambia también a la intensa Gloria Swanson-Norma Desmond por la hierática Fedora-Marthe Keller. Y orquesta con ambos un despiadado baile de máscaras en el que la tragedia hace pronto acto de presencia, aunque no en solitario. Cómo Fedora fagocita a Fedora es el centro del laberinto en el que Detweiler se interna, buscando en vano la protagonista para una película que nunca se va a rodar.

Sin haberla rodado exactamente como deseó, esto es, mucho más oscura y ambigua (y tendrán que verla para comprender lo que quiero decir), Wilder consiguió no obstante construir una buena historia soportada en el magnífico reparto principal y a la que lo único que le achacaría es el innecesario uso del color, en parte obligado porque en los 70 ninguna productora aceptaba hacer películas en blanco y negro (y eso que se rodó con capital casi exclusivamente europeo). No sólo por la fuerza que desprende el personaje de William Holden, o por la inquietante mirada de Marthe Keller, sino también por dos secundarios de lujo como Frances Sternhagen (la inolvidable doctora Lazarus de “Atmósfera Cero”) como la señorita de compañía Balfour y José Ferrer en el papel del cirujano que traspasa una línea tras la cuál se ve atrapado. “Fedora” es el temprano testamento cinematográfico de un director, Wilder, que rodaría su última película tres años después para ser despreciado luego por las productoras durante sus últimos veinte años de vida. Es un latigazo –uno más- a la industria que le dio de comer y a la que siempre aborreció, y cuyas cicatrices, contusiones y hemorragias internas refleja en el personaje que da título a este film. Una gran mujer, una gran actriz, una estrella por encima de las estrellas.
Fedora.

Comentarios
  1. electricbluejean : 28.05.08

    magnífica película, sí, que apareció en la noche soporífera y familiar de unas Navidades y me tuvo desvelada hasta el final… con el talante del “I just want to be alone” de la Garbo en Grand Hotel pasado por Wilder… y… mi cinefilia no me da para expresarme mejor. Inquietante, parcialmente fallida, pero que al encontrarme esta crítica tuya he vuelto a recordar como un must seen. gracias y saludos, te seguimos desde hace años (ya vamos teniendo tod*s una edad…)

  2. Joseph Gillis : 28.05.08

    Hola, EBJ... ¡gracias!
    Por la edad no te preocupes, somos de quintas parecidas… y al ritmo que publico acá se me sigue el paso fácilmente, así que no hay problema de carreras :-)
    Aunque me ha hecho gracia lo de “te seguimos desde hace años” (uf, es verdad, este blog tiene los suyos)... le faltaba una coletilla del tipo “enhorabuena por el pograma” o algo así ;-)
    Besos desde el fondo de la piscina.

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