Lío en los grandes almacenes

Me costó, pero encontré (no diré dónde ni cómo) esta peliculita de Frank Tashlin que para mí es, junto con “El Profesor Chiflado” (The Nutty Professor, Jerry Lewis, 1963) y “Ceniciento” (Cinderfella, Frank Tashlin, 1960), una de las mejores comedias de Jerry Lewis. Este maestro del humor gestual y de enredo, que recuperó en buena parte el espíritu de aquellas comedias locas de los años diez y veinte, no puede decirse que hiciera demasiadas películas de calidad, aunque en casi todas es posible hallar detalles que hacen soltar la carcajada. En el caso de las tres que menciono, además, esos detalles son muy numerosos.

En “Lío en los grandes almacenes” Lewis es Norman Phiffier, un joven torpón pero honrado hasta la médula que considera que sólo vale lo que se gana con el esfuerzo propio,un arquetipo de personaje que se repite con frecuencia en sus films. Norman está enamoradísimo de su novia, Bárbara, que trabaja de ascensorista en los Grandes Almacenes Tuttle, y desea casarse con ella cuando él gane lo suficiente. Lo que Norman no sabe es que Bárbara es hija de la agria señora Tuttle, dueña de los almacenes, y Bárbara se lo oculta por miedo a que su orgullo le haga romper el noviazgo, situación que su madre quiere aprovechar para que su hija no se case con quien considera un patán. Por eso, encarga al gerente de los almacenes, el señor Quimby, que contrate a Norman como chico para todo, asignándole los trabajos más difíciles y comprometidos con el fin de que fracase y Bárbara le deje. Naturalmente, los encargos que ha de acometer el pobre Norman, pasando por las distintas secciones del negocio, darán lugar a situaciones auténticamente descacharrantes.

La gran virtud de esta película (que recomiendo que se vea en versión original, pues la voz que dobla a Lewis lo pone como poco menos que gilipollas) es que Jerry Lewis está más comedido que en otras ocasiones, y en las escenas de “slapstick” deja hacer bastante. Evidentemente, él es protagonista absoluto, pero sin los secundarios que completan cada enredo la cosa sería mucho más mediocre. Impagables son, por ejemplo, la escena de la zapatería con una campeona de lucha libre o la de la sección de electrodomésticos, primero intentando montar un televisor en altura para probar un colchón (no es coña) y después arreglando una aspiradora… demasiado bien. Aunque seguramente la escena más famosa de esta película es una que tiene muy poco movimiento y nada de diálogos, pero donde podemos ver a Jerry Lewis en estado puro. Me refiero, naturalmente, a la escena de la máquina de escribir, a los sones del “The Typewriter”, escrito por Leroy Anderson y donde Jerry nos muestra para qué sirve tener doscientas cincuenta pulsaciones por minuto. No he podido confirmar si las hacía en una Remington, por cierto :-)

Por lo demás, y fuera de su estrella indiscutible, resulta hilarante el gerente de los almacenes, encarnado por un Ray Walston de lujo, con andares y maneras sibilinas pero sin perder la dignidad que supone ser el pelota número uno de una jefa con los rasgos de la irritante Endora de “Embrujada” (Bewitched, 1964), pues no es casualidad que se trate de la misma actriz, Agnes Moorehead, en un adelanto del personaje que le haría famosa. No falta una sola pieza en esta comedia de manual, con el personaje campechano que recrea John McGiver (habitual en aquellas películas de Disney de los sesenta y setenta), como John Tuttle, contrapunto absoluto de su mujer; o la bella (aunque poco eficaz) Jill St. John en el papel de Bárbara, bastante insustancial. O el consabido guardia de tráfico que se lleva buena parte de las tortas perdidas, sin saber jamás qué está pasando. Y, por supuesto, el amplio abanico de clientas que pondrán a Norman / Jerry en las situaciones más apuradas. No se pierdan, por favor, la escena en la planta de Oportunidades; es terrorífica, se lo aseguro.

Una buena película que en tiempos disfrutamos en sesión de tarde y que hoy creo que ni está editada en DVD, por lo que sólo puede verse cuando alguna televisión decide honrarnos con un pase, habitualmente a horas intempestivas. Los telefilmes de crímenes y desgracias tienen preferencia, ya saben. Yo se la recomiendo encarecidamente como quitapenas infalible, si pueden conseguirla en alguna parte. Una pista: tiene cuatro patas y es testaruda… les puede ayudar.

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