Lo que cuenta es el final

Se suele decir que Tom Hanks empezó a ganar prestigio y calidad como actor cuando se pasó a los papeles dramáticos con “Philadelphia” y “Forrest Gump”. Entiendo que esta aseveración es falsa por dos razones: que Hanks ya era un magnífico y reputado actor de comedia y que su primer trabajo dramático, en el que ya apuntaba buenas maneras, fue esta pequeña y casi desconocida obra de David Seltzer, cuyo título original es “Punchline”.

Esta palabreja, en el argot de los cómicos anglosajones, se refiere a la gracia de un chiste, a la frase final lapidaria que contiene ese elemento sorpresa que hace reír al espectador. Como no existe un equivalente exacto en español, el título que se le dio aquí fue “Lo que cuenta es el final”, aunque tampoco expresaba con claridad el propósito de este film. La paradoja es que, siendo un drama, habla de un mundo cada vez más de moda en España: los cómicos o monologuistas, lo que en Estados Unidos se llama “stand-up comedy” y que, como todo el mundo sabe, se inventó Gila hace muchísimos años.

Y lo que nos cuenta es la historia de dos cómicos: Steven Gold (Tom Hanks) es un profesional que, sin embargo, no tiene suerte con su trabajo, limitado a locales de mala muerte y al club “Gas de la Risa”. Lilah Krystick (Sally Field) es un ama de casa que tiene como vocación la comedia pero que no se atreve a probarse a sí misma, envuelta en su matrimonio con un aburrido agente de seguros y con dos hijas que le ocupan todo su tiempo. En un “boy meets girl” algo clásico, el encuentro entre ambos resultará explosivo para sus respectivas vidas, al menos durante algunos instantes. De repente, Lilah quiere llevar a cabo su vocación, aunque se siente moralmente dividida entre lo que desea y sus obligaciones familiares. Por otra parte, Steven, que se siente atraído por esa mujer mayor que él, siente que está perdiendo su gancho y sus últimos monólogos resultan desastrosos. Un certamen de cómicos que tiene como premio participar en el renombrado show televisivo de Johnny Carson les dará a ambos la oportunidad de contemplar en lo que podrían convertirse.

El tópico de que hacer reír es una cosa seria podría ser perfectamente aplicable como “leit motiv” de esta película, y más ahora donde parece que todo el que tenga un nombre conocido puede ser monologuista “de primera”. Si Sally Field al principio resulta algo chocante dentro de esa profesión que no es la suya, también es verdad que es una actriz como la copa de un pino y lo demuestra en sus escenas delante del micrófono, donde merced a unos guiones bien hilvanados puede hacer sonreír, incluso reír, tanto al espectador del “Gas de la Risa” como al que está viendo la película. Hanks, por otra parte, muestra un comedimiento del que luego carece en sus papeles considerados dramáticos (los más recientes, sobre todo). El resto del elenco ejerce de comparsas en esta historia “a dos”, pero encontramos retazos de genio en actores y actrices que después no han tenido demasiada suerte o que se han dedicado a la televisión, excepción hecha de John Goodman, que interpreta al marido de Lilah, o de Paul Mazursky, luego director de cine para público “selecto”.

No esperen encontrar nada espectacular en “Lo que cuenta es el final”, ya que es, sencillamente, una película de actores. Su gran punto a favor es haber conjuntado de manera efectiva un guión sin estridencias con unos intérpretes capaces de darle forma con sus mejores artes. El punto en contra es, a mi entender, una trama algo forzada que busca una justificación inevitable a los sueños de Lilah o a las neuras de Hanks. A Gillis le gusta mucho, además, cómo se evita el facilón recurso a un romance entre ambos, cortado casi de raíz por Lilah. En compensación, el film tiende a veces a buscar algo tramposamente la fibra sensible del espectador, pero por suerte no lo toma como recurso principal de la historia.

Por lo demás, “Punchline” es una película agradable, de domingo por la tarde, que se ve muy a gusto y sin necesidad de buscar las vueltas a “las tragedias del mundo de los cómicos”, bien retratadas en otros films pero que aquí no eran un objetivo, con muy buen criterio al entender de quien esto escribe. Además, es una película para “toparse” con ella, es decir, no para buscarla expresamente en un videoclub o en un canal de tv, sino para encontrarla casi por casualidad en un momento de zapeo y decir “voy a verla”. Pues eso, si se la encuentran, véanla.

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