Top Secret!

No admito discusión en esto: “Top Secret!” es un clásico del cine. Representa la redondez, la perfección, dentro del género chusco inaugurado por el trío ZAZ (David Zucker, Jim Abrahams y Jerry Zucker) con la ya mítica “Aterriza como Puedas” (Airplane!, 1980) y que contiene una única premisa: “vamos a meter un gag por minuto”.

El hilo argumental ya te indica el grado de absurdez al que se pretende llegar: Nick Rivers es un cantante de rock de los Estados Unidos que va a dar un recital en la Alemania del Este, en plena Guerra Fría. El recital es un señuelo montado por los jerifaltes comunistas para mostrar una falsa apertura mientras, de tapadillo, desarrollan una peligrosa mina anti-submarinos. Hasta aquí tenemos la parodia de los viejos films de espías de los años sesenta, pero cuando empieza a meterse por medio la Resistencia Francesa, un líder regurgitado de “El Lago Azul”, un remedo de Elvis Presley que revienta una cena de gala y la persecución en moto más surrealista de la Historia, lo mejor es estirar las piernas, acomodarse en el sofá y dejar que las carcajadas fluyan. De hecho, lo normal es que en un segundo (y tercer) visionado se empiecen a descubrir cosas que las risas no dejaron ver la primera vez.

La película está llena de curiosidades y de múltiples guiños y anécdotas. Queda claro que sus directores decidieron tirar del absurdo hasta el límite, y tan importante es lo que se ve en primer plano como lo que sucede al fondo de la escena. Esto no es ni más ni menos que cine en estado puro. De un modo muy grotesco, puede, pero que utiliza todos los truquitos posibles para que el espectador no tenga un minuto de respiro mirando a un lado y al otro de la pantalla. La imagen al servicio del gag, y no al revés, y eso que en los diálogos también existen muchos golpes de efecto, la mayoría perdidos por el doblaje, que se combinan con la sorpresa del siguiente plano, o bien del anterior (impagable la escena en la que Nick Rivers está en el calabozo cuando llega su mánager). El ejercicio de descubrir cada cosa que se parodia suele ser bastante sano, pero agrada ver también que hay muchos gags de cosecha propia que provocan la misma hilaridad. Eso y ver a seriecísimos actores como Jeremy Kemp, Michael Gough, Peter Cushing y el mismísimo Omar Sharif haciendo el gamba dentro de los restos aplastados de un coche. Golpeando así, a gag por minuto, y sin respetar ni a tan respetables artistas, los ZAZ orquestan una de las mayores gamberradas de la cinematografía universal sin ningún reparo.

“Top Secret!” debería ser de visión obligada para todos los críticos sesudos que hay por ahí desperdigados: enseña a disfrutar de las imágenes y a reírse hasta de uno mismo. Va sin pretensiones, pero dice mucho más de lo que cuenta, y debe verse de principio a fin; si se sabe inglés ,mejor en versión original y, si además se sabe alemán, con más motivo, pues hay muchas bromas ocultas en las frases que de vez en cuando se sueltan en ese idioma y que se pierden por completo en el doblaje, que por otra parte conserva bastante bien el espíritu de los diálogos originales. Es interesante, además, por ser el primer papel de un jovencísimo Val Kilmer, futuro niño terrible de Hollywood y que aquí parodia con mucha soltura al ínclito Elvis y sus lamentables películas. Y es, además, divertida de principio a fin, incluyendo los títulos de crédito que en modo alguno deben perderse.

Así como esta “Aterriza como Puedas”, la pionera, se queda un poco ajada con el paso de los años, “Top Secret!” no sólo no pierde fuelle sino que consigue asentar la escuela del despiporre, consiguiendo incluso que algunos de sus gags pasen a formar parte del imaginario común. Esa es otra de las virtudes por las que “Top Secret!” es ya un clásico a considerar (¿qué se creían, que lo decía de coña?). Díganme si no, qué otra película es capaz de popularizar un término tan surrealista (¿o hiperrealista?) como el “anal intruder” y que, con el solo hecho de mencionarlo, casi todo el mundo sepa lo que es y esboce una sonrisa cómplice. Y si todos estos argumentos no les convencen, aquí tienen el definitivo: esta película es un “quitapenas” infalible. He dicho.

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