El Tesoro de Sierra Madre

Tres desconocidos con un fin común: encontrar oro. En plena fiebre dorada, tres aventureros llegados de ninguna parte coinciden en un pueblo perdido de México y deciden arriesgar su capital y su alma para alcanzar el sueño de los buscadores. Las montañas de Sierra Madre les esperan con sus tesoros ocultos en forma de polvo de oro, pero cuando por fin logran su objetivo, aflorarán la codicia, la desconfianza, la envidia y otros muchos sentimientos de los que ignoraban que fueran capaces. Así, la Sierra Madre conquista a sus conquistadores.

Con estos mimbres trenzó John Huston una de sus grandes obras, en la que, como a lo largo de toda su carrera, le interesó más reflejar las debilidades de la condición humana que el simple hecho de contar una historia de aventuras. “El Tesoro de Sierra Madre” abarca ampliamente ambos aspectos. Es, sin duda, una película de aventuras en la que nos encontramos no sólo a buscadores de oro, sino también a fieras salvajes, bandidos, indios, ladrones y combates a pistola. Pero también narra las relaciones de tres personas que apenas se conocen y que por conveniencia se ven obligadas a confiar la una en la otra, con consecuencias verdaderamente dispares.

Así, tenemos a tres personajes bastante arquetípicos, al menos aparentemente, si bien se descubre después que no hay diamantes perfectamente pulidos, y tampoco rocas sin ningún brillo. Para mi gusto el más interesante es Fred Dobbs, interpretado con maestría por Humphrey Bogart y que desde el principio se revela como un pequeño sinvergüenza que recurre a la engañifa para sobrevivir en un México hostil al extranjero, tal y como vemos en unas impagables secuencias en las que pide limosna varias veces al mismo adinerado caballero (el propio Huston). Dobbs pasa de esta forma de villanía a convertirse en el honrado trabajador explotado por su patrón y que acaba reclamando lo que legalmente le corresponde. De ahí, salta al aventurero en ciernes que asegura que jamás se verá cambiado por el hecho de encontrar un poco de oro. Finalmente, es la propia codicia a la que aseguraba que jamás sucumbiría la que terminará con su poca ética y, por ende, con su vida.

Por su parte, Bob Curtin (Tim Holt) podría entenderse justo como el contrapunto de Dobbs. Es más joven y, a priori, menos curtido por la vida, lo que le confiere una cierta ingenuidad que le hace estar (casi) siempre dispuesto a renunciar al oro en favor de alguna causa aparentemente más noble. No es ningún santo, ya que a fin de cuentas el valor del oro que transportan es realmente alto y eso influye más de lo que quisiera, pero de los tres es, quizá, el más íntegro.

Entre los dos anda el viejo Howard, o cómo Walter Huston puede llevar el trabajo de un actor a rozar lo perfecto. Howard es un buscador de tesoros profesional, ya de vuelta de muchas cosas pero que es capaz de renunciar a todo si encuentra una buena compañía para ir a buscar oro. Howard es la voz de la conciencia de Dobbs y Bob, recordándoles continuamente que el oro no conoce amistades. Es, pues, un personaje bastante cínico que da a entender en ciertos momentos que de joven tuvo que ser un auténtico hijo de puta. De hecho, a la hora de decidir quién custodia el oro, Howard insinúa que él es el más digno de confianza, pero por la sencilla razón de que al ser ya muy viejo no sería capaz de huir con el oro a la misma velocidad que los otros dos. No obstante, es capaz de poner el punto de mesura a las inacabables aspiraciones de Dobbs y, al cabo, es su experiencia la que sacará a la expedición de más de un apuro.

Huston es más que directo a la hora de mostrarnos que los escrúpulos se pierden totalmente si en ello va un puñado de oro, y lo hace introduciendo a un cuarto en discordia, llamado Cody (Bruce Bennett), otro americano que se ha encontrado por casualidad a uno de los aventureros mientras éste compraba suministros en el pueblo y que acaba por agregarse a aquéllos bajo la amenaza de avisar a las autoridades, dado que cualquier mina era legalmente propiedad del Estado. En ese momento y tras una breve deliberación, los tres deciden matarle como solución más efectiva para preservar sus ganancias y el secreto de la montaña; una medida que no se llegará a realizar por la inesperada aparición de los temibles bandidos, pero que supone a los tres socios cruzar una línea moral de la que no hay vuelta atrás.

Permítanme reservarme el final de la película, para no estropear una gran conclusión a quien todavía no la haya visto. Hay que apuntar, sin embargo, que se ajusta mucho al estilo de Huston, gran amante de los golpes de efecto y que solía escoger historias adecuadas para ello. Si quieren conocer qué les deparó el destino a estos tres, al fin y al cabo, seres humanos, es imprescindible que les acompañen hacia la Sierra Madre en la búsqueda de algo más que un tesoro. Quizá se sorprendan a sí mismos preguntándose qué habrían hecho ustedes en el lugar de cada uno. Y si no, como mal menor habrán disfrutado de una indiscutible obra maestra. El arte puede ir también montado en mulos de carga.

Comentarios

Deja tus diálogos:

'Nombre', 'Correo' y 'Comentario' son campos requeridos.

Nombre

Correo Electrónico

Página Web

[Ayuda Textile]

 — 

Los textos originales de este cuaderno se encuentran bajo una Licencia Creative Commons. El resto son propiedad de sus respectivos autores.
Valida xhtml y css. Formatos disponibles para agregadores de noticias: atom y rss ( Suscribir).
Gestionado con Textpattern.


Datos de Taquilla