Cadena Perpetua

The Shawshank Redemption“, USA 1994, Columbia Pictures / Castle Rock Entertainment

Director: Frank Darabont
Productora: Niki Marvin
Guión: Frank Darabont, basado en el relato “Rita Hayworth and the Shawshank Redemption”, de Stephen King
Productores Ejecutivos: Liz Glotzer, David Lester
Música: Thomas Newman
Fotografía: Roger Deakins
Montaje: Richard Francis Bruce
Vestuario: Elizabeth McBride
Diseño de Producción: Terence Marsh

Intérpretes Principales: Tim Robbins (Andy Dufresne), Morgan Freeman (Ellis “Red” Redding), Bob Gunton (Alcaide Norton), William Sadler (Heywood), Clancy Brown (Capitán Byron Hadley), James Whitmore (Brooks Hatlen), Gil Bellows (Tommy), Mark Rolston (Bogs Diamond)

Enlace IMDb

A pesar de ser un drama carcelario, “Cadena Perpetua” tiene todas las características de una película épica, tanto en su fondo como en su forma: una trama principal, varias historias secundarias que enlazan con ésta, planos cenitales y travellings que emocionan, música de la que envuelve los oídos y un final espectacular. Y, sin embargo, el espectador tiene la impresión de estar viendo una película más bien íntima, casi de eso que se llama “cine de autor”. No le faltaría razón, puesto que “Cadena Perpetua” sería una buena muestra del cine de autor norteamericano, que no necesariamente ha de identificarse con el cine independiente.

Frank Darabont adapta un relato corto de Stephen King en el que se cuenta la historia de Andy Dufresne, un genio de las finanzas acusado injustamente de haber asesinado a su esposa y al amante de ésta y condenado por ello a cumplir dos cadenas perpetuas consecutivas en una prisión estatal. Durante los largos años que Dufresne pasará en el penal bajo el estricto yugo del alcaide Norton y la brutalidad del capitán Hadley, deberá sobreponerse a las consecuencias de una injusticia de la mejor manera posible: viviendo. Es el día a día con sus compañeros, en especial con el conseguidor Ellis “Red” Redding y su empeño en mejorar las condiciones de los reclusos lo que le permitirá sobrevivir entre los gruesos muros de un alojamiento eterno, donde la redención se ha de construir minuto a minuto.

Siempre que veo esta película me da la sensación de que sus creadores la hicieron con una tranqulidad absoluta, como si supieran que no tienen nada que perder filmándola y que todo lo que saquen de ella bueno será. Ignoro si realmente fue así como la rodaron, pero desde luego eso es lo que transmiten en la pantalla. Quizá por eso sus más de dos horas transcurren con una fluidez pasmosa, y ello a pesar de que se deja bien claro cómo va transcurriendo el tiempo en la prisión. “Red”, quien ejerce de narrador de la historia, funciona también como reloj de arena para el espectador, pues es a través de sus visitas al comité de evaluación como nos enteramos de que van pasando diez, quince, veinte años… La “redención de Shawshank” (el título original de la película) se ve sobre todo a través de sus ojos, que acaban por relativizar en cierto modo los conceptos del bien y el mal. De tratar de convencer al comité que se ha rehabilitado para la sociedad acaba pasando a un desencantado “la verdad es que me importa una mierda”. Morgan Freeman, como es habitual en él, está simplemente perfecto en el papel: comedido, grave, irónico y tierno, cínico a veces, padrazo en otras. Y sin el defecto de los divos, porque no roba escenas, las enriquece.

Tim Robbins es caso aparte, desde luego. No he conseguido imaginar a otro actor más apropiado para el rol de Andy Dufresne. Es un actor a priori incómodo para la cámara, principalmente debido a su envergadura, pero que es capaz de expresarlo todo con la mirada. Impresiona ver a ese tiparraco enorme comportarse como un animalito indefenso cuando entra en la prisión, o en sus enfrentamientos a golpes con los sodomitas. El espectador se agobia con él, se anima con él, reparte libros con él, baja la mirada con él, sufre en el agujero de castigo con él, y casi es capaz de sentir y oler el asco que él siente cuando ha de arrastrarse por las cloacas. Es un personaje completo y complejo, lleno de contradicciones que él mismo se ocupa de sacar a la luz con una genial frase: Lo gracioso de todo esto es que ahí fuera yo era un hombre honrado [...] He tenido que ir a la cárcel para corromperme.

Y es que “Cadena Perpetua” es una película de momentos, de momentos grandiosos; ahí es donde reside esa épica de la que les hablaba. Uno: Andy se encierra en el despacho del guarda y hace sonar por todos los altavoces de la prisión una grabación de “Las Bodas de Fígaro”, paralizando a todos los reclusos y cabreando sobremanera al alcaide. “Red” lo cuenta de esta forma: A día de hoy, no tengo la menor idea de lo cantaban esas dos chicas italianas. Lo cierto es que no quiero saberlo. [...] Fue como si algún hermoso pájaro aletease dentro de nuestra pequeña jaula e hiciera disolverse a esos muros, y por un brevísimo instante, hasta el último hombre de Shawshank se sintió libre.. Otro: la salida de la cárcel de Brooks, el bibliotecario, quien tras cincuenta años tras las rejas ha definido su vida dentro de la prisión (se ha “institucionalizado”, como dice Red) y es incapaz de enfrentarse a la libertad condicional. Envía una carta de despedida a sus antiguos colegas y, mientras Andy la lee se van intercalando imágenes en las que Brooks hace tranquilamente su maleta, se sube a la mesa de su habitación, graba con su cuchillo en la madera del techo un “Brooks estuvo aquí” y acto seguido se suicida colgándose de esa misma madera, asfixiado por el mundo exterior. Hay muchos más momentos que me gustaría destacar pero prefiero reservármelos, pues habrá gente que no haya visto la película y sería una pena estropeársela, ya que es un film a descubrir en cada secuencia.

“Cadena Perpetua” retrata a modo de cuento la amistad, la determinación y la esperanza, pero también la maldad, el sufrimiento y la decepción, es una película de luz encerrada entre paredes grises, de miradas que se cruzan con la del espectador y son suficientes para describirte años enteros, de un mundo donde la sensualidad en dos dimensiones de Rita, Marilyn y Raquel son casi las únicas formas de evasión nocturna donde el tiempo pierde su significado. Es el mundo de Andy, de Red y del resto de reclusos, incluyendo al alcaide, aquél a quien la prisión ha degradado más que a nadie. Es un tanto edulcorada teniendo en cuenta el entorno en que se desarrolla , pero no debemos olvidar que es una obra puramente de ficción, donde quizá la prisión no sea más que una alegoría, una excusa para enseñarnos, con cierto sentido de la estética, que la voluntad bien encaminada puede forjar hasta al más débil de carácter. Y que ciertos valores que siempre parece que pasan de moda, en realidad sólo requieren de las circunstancias adecuadas para recuperar su plena vigencia. Y es gracias a la forma en que Darabont nos cuenta todo esto que “Cadena Perpetua” sea un film que comenzó su carrera más bien tímidamente pero al que el paso del tiempo ha colocado en su justo sitio: entre los más grandes.

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