Mucho Ruido y Pocas Nueces

Much Ado About Nothing“, Gran Bretaña 1993, The Samuel Goldwyn Company / Renaissance Films / BBC

Director: Kenneth Branagh
Productores: Kenneth Branagh, Stephen Evans, David Parfitt
Guión: Kenneth Branagh, basado en la obra teatral homónima de William Shakespeare
Música: Patrick Doyle
Fotografía: Roger Lanser
Montaje: Andrew Marcus
Vestuario: Phyllis Dalton
Diseño de Producción: Tim Harvey

Intérpretes Principales: Kenneth Branagh (Benedicto), Richard Briers (Leonato), Michael Keaton (Dogberry), Robert Séan Leonard (Claudio), Keanu Reeves (Don Juan), Emma Thompson (Beatriz), Denzel Washington (Don Pedro de Aragón), Kate Beckinsale (Hero), Brian Blessed (Antonio), Imelda Staunton (Margarita), Phyllida Law (Ursula), Richard Clifford (Conrado), Gerard Horan (Borachio)

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Tras las sombras y la suciedad de su opera prima, “Enrique V” (1989, con doble candidatura al Oscar como director y actor principal), Kenneth Branagh recuperó al gran Guillermo Chéspir como fuente de inspiración para realizar una soberbia adaptación de una de sus comedias más puras, “Mucho Ruido y Pocas Nueces”. Se trata de una alocada historia de amoríos, juegos y traiciones en la que hombres y mujeres de vivo carácter se entrelazan y entretienen entre los frescos árboles y campos de Messina.

Don Pedro, principe de Aragón y sus aliados regresan de su reciente batalla para pasar unos días como invitados en la casa del Señor Leonato. Claudio, el protegido de Don Pedro, se enamora al instante de la hija de Leonato, Hero, y los dos jóvenes se prometen en matrimonio a celebrarse en aquella misma casa. Paralelamente Benedicto, el otro compañero del príncipe y hombre de agudo ingenio batalla lenguarazmente con su igual en mordacidad, Beatriz, prima de Hero, para hilaridad de quienes estén presentes. Entre bromas y veras, todos se conchaban para usurpar la tarea a Cupido y Afrodita e intentar que ambos caigan rendidos de amor el uno por el otro. Sin embargo, Don Juan, hermano bastardo de Don Pedro, quiere la desgracia de quienes le rodean y planea injuriar a Hero ante su futuro esposo mediante engaños, por lo que Claudio la repudia en el mismo altar y provoca que Benedicto, a instancias de su ahora amada Beatriz, le rete a duelo. La intervención del pintoresco y deslenguado alguacil evitará la tragedia y permitirá que todos los enredos se resuelvan graciosamente.

El material del que se parte es tan bueno que, conociendo el mimo que Branagh dedica a los textos shakesperianos, forzosamente tenía que resultar en una obra, como mínimo, agradable de ver. Pero es que además se presta tanto al histrionismo (al contrario que en los dramas, donde éste debe ser contenido para no traspasar la fina línea que separa lo trágico de lo hilarante) que el actor-director puede dar rienda suelta a todos sus recursos expresivos y, a la vez, permitir que el resto del reparto haga lo mismo, con lo que la suma de las partes resulta en un todo que explosiona con múltiples luces y colores en las escenas corales, empezando por sus magníficos y sugerentes títulos iniciales. En contrapartida, las pocas escenas dramáticas, como la conspiración, el repudio de Hero o su pretendido funeral, se dejan a dos actores más bien limitados (Robert Séan Leonard, conocido ahora por su papel en “House”, y Keanu Reeves, con cara de cabreo continuo pero que parece más debida al estreñimiento que al odio). Estas escenas, afortunadamente, son pocas y no deslucen la sucesión de pinturas impresionistas que conforman esta cinta, donde las referencias a los juegos carnavalescos son continuas: las máscaras, los bufones, las intrigas amorosas, las conspiraciones entre litros de vino, risas y guiños, canciones y bailes. Incluso el juicio a los cómplices de Don Juan está teñido de farsa esperpéntica gracias al simpar Dogberry, el alguacil, en una sublime interpretación de Michael Keaton parcialmente inspirada en “Los caballeros de la mesa cuadrada”, de los Monty Python.

Los acontecimientos se suceden con tanta ligereza que a veces parece que se apelotonan. A ello contribuye, y mucho, la dinámica banda sonora compuesta por Patrick Doyle, desde la impactante obertura que recorre los títulos de crédito del principio, con la llegada de los caballeros, con las damas arreglándose para recibirlos, con las escenas de los baños comunales y esa presentación directa, formal, definida en un único plano desde arriba en el vestíbulo de la casa de Leonato, para dar paso a la primera escena. El final está a la altura del principio, “Strike up, pipers!” es la voz que da Benedicto antes de que todos los personajes se suelten, libres, desahogados, en un baile por los jardines mientras cantan a las damas para que no sufran más (“Sigh no more, ladies”). Hasta cierto punto, la película contiene muchos de los elementos de un musical y, si no lo es, es porque sólo tiene cuatro canciones que ni siquiera forman parte de la trama propiamente hablando (la excepción sería la canción fúnebre, “Pardon, Goddess of the Night”).

Quizá “Mucho Ruido y Pocas Nueces” no sea una película redonda, por los excesos que contiene. Diría que es una película deliberadamente exagerada, hecha por gente que se lo pasó pipa rodándola, transmitiendo ese optimismo al espectador y sublimando al Shakespeare comediante hasta llevarlo al nivel de los corrales de comedias, claro que con mucha más espectacularidad. Y, sobre todo, es una película luminosa, muy luminosa, de esas de saltar sobre la butaca del cine, de aplaudir al aparecer los créditos finales y de salir luego bailando por las escaleras. Y eso también es Shakespeare, que por algo fue un genio.

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