Zelig

“Zelig”, USA 1983, Orion Pictures Corporation

Dirección y guión: Woody Allen
Productor: Robert Greenhut
Productores Ejecutivos: Jack Rollins, Charles H. Joffe
Música Original: Dick Hyman
Fotografía: Gordon Willis
Montaje: Susan E. Morse
Vestuario: Santo Loquasto
Diseño de Producción: Mel Bourne

Intérpretes Principales: Woody Allen (Leonard Zelig), Mia Farrow (Dra. Eudora Fletcher), Patrick Horgan (Narrador)

Enlace IMDb

Cuando Woody agarra la cámara de blanco y negro y se pone las gafas de metal, es que está experimentando; échense a un lado. En 1983 tenía ya tal prestigio en Estados Unidos que fue capaz de incluir a gente como Susan Sonntag o Saul Bellow en este falso documental sobre la vida de Leonard Zelig, el camaleón humano. Así consigue darle un barniz de veracidad que, naturalmente, queda diluido en apenas diez minutos y dos gags pero que, al principio, casi consigue colar.

“Zelig” es una de las películas más extrañas de nuestro neurótico favorito. Cuenta la biografía de un curioso y olvidado personaje aparecido en Nueva York a finales de los años veinte y que tenía la facultad de adoptar la apariencia y la personalidad de aquellos con los que estuviera. Así, podía ser lo mismo un músico (negro) de jazz que un indio (indio) sioux, lo mismo un rabino ortodoxo que un jugador de béisbol profesional, y así sucesivamente. Ingresado en el hospital de Manhattan y puesto al cuidado y tratamientos de la doctora Eudora Fletcher (Mia Farrow), Zelig no tarda en convertirse en un fenómeno mediático, muy apropiado para una sociedad devoradora de rarezas. En apenas dos décadas Zelig pasará de ser una atracción de circo adorada por todos a un villano puesto en la picota y, tras una inverosímil heroicidad, nuevamente forma parte del sueño americano. Todo esto al mismo tiempo que una fascinada doctora Fletcher intenta curarle de su extraordinario problema, convencida de que todo está en la mente.

Aunque la técnica del falso documental no es nueva, es indudable que en manos de Woody Allen, por entonces mucho más transgresor, podía convertirse en un interesante ensayo sobre cine. El experimento se salda con una cinta más que correcta, con ciertos altibajos, porque si es difícil mantener el interés en un documental, lo es mucho más cuando se trata de ficción, ya que directores como Michael Moore aún no habían llegado para revolucionar el género. Allen debía de ser consciente de ello, pues la cinta es posiblemente la más breve de su filmografía (no llega a ochenta minutos) y procura imprimirle un ritmo tan dinámico como le es posible, con secuencias cortas y constantes cambios de plano, intercalando entre ellos muchas imágenes reales de la época, cuando la radio aún era la reina y había que ir a las salas de cine para ver las noticias. No desperdicia ningún recurso: mucha foto-fija, fragmentos de entrevistas con los protagonistas de los hechos, décadas después, uso de la imagen envejecida (que se hizo a mano, arrugando y sobreimprimiendo el celuloide, incluso pisándolo si hacía falta) y de sonido degradado, propio de las reproducciones con gramófono y las radios de galena. Y, por supuesto, el narrador en “off” que va conduciéndonos a lo largo de la historia de este divertido ser humano, quien da incluso nombre a un nuevo baile, mezcla de charlestón y foxtrot y llamado, naturalmente, “El Camaleón”.

Porque “Zelig”, por si aún no quedaba claro, es una comedia y está concebida como tal de principio a fin. No sólo utiliza las características constantes de la obra cómica alleniana, sino que también introduce un recurso que diez años después se hará famoso merced a los efectos digitales en la película “Forrest Gump” (Robert Zemeckis, 1993): la mezcla del personaje principal con persnajes reales y prominentes en las mismas escenas, interactuando con ellos: W.R. Hearst, Charles Chaplin, Adolf Hitler, Lou Gehrig y otros. Pero, además, es un buen muestrario de técnicas que luego serán también mejoradas y empleadas con éxito: la labor de montaje e intercalado de imágenes reales con dramatizaciones, sin duda, forma parte de la base del trabajo de Hutshing y Scalia en “JFK” (Oliver Stone, 1991). Woody tampoco es original, puesto que bebe, y mucho, de varios “sketches” propios del “Monty Python’s Flying Circus” (Monty Python, 1969-1974) que se basan, justamente, en documentales del absurdo (el señor que da su opinión a la cámara sobre Zelig está claramente inspirado en Gumby, personaje que interpreta Michael Palin en la serie).

“Zelig” es una de las películas menos conocidas de Woody Allen, a pesar de que es una de las más elaboradas y la única que no está filmada como un relato, ya que apenas tiene diálogos, salvo los que son de tipo testimonial o de entrevista. Pero la considero una cinta imprescindible para entender en buena medida la filosofía que lleva a Allen a crear obras en las que refleja sus inquietudes cinematográficas, sin darle miedo a probar cosas nuevas. A veces le salen bien, como puede ser este caso o el de “Todos dicen I love you”, donde quiso experimentar con el musical, y a veces no consigue llegar al punto, como en “Celebrity” o “Broadway Danny Rose”. “Zelig” es una película muy personal (¿acaso alguna no lo es?) y, desde luego, única, ya que nunca volvió a repetir semejante técnica. Quizá sea eso lo que le da más valor y, en cualquier caso, la coloca entre una de mis favoritas. Un consejo final: véanla siempre en versión original; aquí más que en ninguna otra se hace imprescindible.

Comentarios
  1. miguel : 27.06.07

    Lo gracioso es que todos nosotros en algún momento de nuestras vidas hemos sido Leonard Zelig

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