Las Películas de James Bond (IV): Escenas Memorables, primera parte

Harry Saltzman y Albert R. Broccoli, creadores de la franquicia 007, lo tenían muy claro: James Bond tenía que ser espectacular, y por ello no había que reparar en gastos para que las películas marcaran un hito en la retina de los espectadores. Si bien analizamos cada elemento de estos films por separado, es la combinación de todos ellos lo que hace de cada película de la serie algo irrepetible. Para bien o para mal, pues aunque no todas ellas poseen la misma calidad, cinematográficamente hablando (y, particularmente entre las más modernas, existen auténticos bodrios), sí es cierto que en todas hay al menos un par de puntos luminosos que luego aparecen en todas las antologías. En este cuarto artículo de nuestro serial, y examinando cinta a cinta, intentaremos identificar aquellas escenas más vibrantes, más memorables, de nuestro indestructible agente secreto.
¿Cuál es la suya?

007 contra el Dr. No (1962): Aunque aquí nos encontramos a Sean Connery pronunciando por primera vez la frase que le haría –a su pesar– famoso, creo que es algo universalmente aceptado que la escena que marca esta película y, por extensión, toda la serie Bond, es la que protagoniza la actriz sueca Ursula Andress. Recordémosla: Honey Rider (Linda en el doblaje castellano) emerge del agua en la playa de Crab Key, la isla que sirve de guarida al doctor Julius No. Linda sale caminando vestida –es un decir– con un espectacular bikini blanco, adornado con un puñal en el cinto, una red de pesca repleta de conchas marinas y unas gafas de bucear que vemos muy brevemente, mientras canta “Underneath the Mango Tree”. James Bond, oculto entre unos arbustos, la contempla ensimismado (y quién no) y en un momento dado se une a la cantarina muchacha, lo que casi le cuesta un pinchazo en el vientre cuando ella le toma por un ladrón. Esta escena aparece bastante tarde en la película y, sin embargo, la mayoría del público recuerda muy poco más del argumento. Ursula Andress, una de las pocas chicas Bond que logró hacer carrera en el cine después de ello, se convirtió, sin pretenderlo, en uno de los mitos eróticos por excelencia del cine. Como dato curioso, suele contar en las entrevistas que aquél bikini se lo confeccionó ella misma. Lo que nos lleva a pensar que, de algún modo, aquella escena estaba ya predestinada.

Desde Rusia con Amor (1963): Para mi gusto es, junto con “Goldfinger”, la mejor película de toda la serie, sobre todo porque mantiene un nivel de calidad y de emoción muy equilibrado durante todo el metraje. Ello hace difícil escoger alguna escena concreta, así que nos decantaremos por tres, por orden de aparición: la primera de ellas, la llegada de Rosa Klebb (Lotte Lenya) al campo de entrenamiento de SPECTRA y su primer encuentro con Red Grant (Robert Shaw), en el que le estampa un puñetazo con nudillos metálicos en pleno estómago, sin que éste se inmute. La segunda, la muerte del espía Krilencu a manos de Karim Bey (Pedro Armendáriz), mientras aquél sale por una puerta secreta disimulada en un gigantesco anuncio de Anita Ekberg, justo en medio de los jugosos labios de aquella actriz. La tercera, más que una escena, es una secuencia, y se refiere a toda la pelea entre Bond y Grant, destrozando un compartimento entero del Orient Express. Mención especial merece, igualmente, el “castigo” sufrido por el campeón de ajedrez y miembro de SPECTRA, Kronsteen, mediante un zapato muy puntiagudo… e impregnado de veneno.

James Bond contra Goldfinger (1964): A pesar de lo dicho justo arriba, en esta película sí destacan dos escenas por derecho propio, una de ellas también convertida en icono de la franquicia. Me refiero, por supuesto, a aquella en la que Bond, tras haber pasado la noche con la bella Jill Masterson, recibe un fuerte golpe en la cabeza que le hace perder el sentido. Cuando se recupera, se dirige de nuevo al dormitorio… para encontrar a su amante, tendida boca abajo en la cama y recubierta de pintura de oro, muerta por asfixia de la piel. Un sólo acorde musical subraya esta escena, que sobrecoge por su sencillez. La segunda de ellas es, nuevamente, una lucha, pero no de Bond contra Goldfinger (Gert Fröbe), que de hecho muere de una forma realmente ridícula, sino contra el subordinado de éste, Oddjob (Harold Sakata), especialista en decapitaciones al sombrero, y que morirá electrocutado entre lingotes de oro.
A estas les añadiría dos, por mi cuenta y riesgo, simplemente por lo divertidas que son. En una de ellas Bond, que ha sido capturado, se encuentra atado a una camilla hecha con oro y con las piernas abiertas, mientras un láser industrial va perforando el preciado metal, avanzando hasta el lugar donde más duele. Me parece una de las escenas más logradas, pues se ve a un realmente angustiado James observando cómo peligra su arma más poderosa: su virilidad. Se repondrá del susto algo más adelante, cuando consiga seducir a la fría Pussy Galore (Honor Blackman). Este personaje, abiertamente homosexual en la novela de Ian Fleming, es suavizado por una cierta censura de la época, de tal modo que Bond logra hacerla volver “al buen camino” (nótese la ironía). El marco incomparable de esta delicada misión es, por supuesto, un pajar.

Operación Trueno (1965): Realmente dio mucho más juego su remake, “Nunca Digas Nunca Jamás”. Siendo ésta una de las películas más taquilleras de la serie, es también la más sosa en cuanto a momentos “mágicos”. De hecho, lo más memorable se produce sobre todo al principio, con Bond repartiendo estopa dentro de un balneario, para después entregarse a los placeres del caviar iraní con su enfermera.

Sólo Se Vive Dos Veces (1966): Al estar ambientada en Japón, esta película contó con un reparto de secundarios prácticamente desconocidos, si exceptuamos a Charles Gray. Pero cuenta con un buen número de momentos “de cine”, de los que destacaremos sólo algunos: para empezar, la espectacularidad del “secuestro” de un cohete espacial norteamericano usando una nave cuyo frontal se abre como potentísima boca, para tragársela por completo, condenando a uno de los astronautas a morir flotando por el espacio. Justo después aparece el “asesinato” y posterior entierro de James Bond, enviando su cuerpo a las aguas del Atlántico para aparecer, en uniforme militar (es ahí donde nos enteramos de que 007 es comandante de Marina), dentro de un submarino informando a su jefe. Otro más que podríamos escoger es cuando Bond demuestra que fumar mata… aunque no sea a uno mismo, sino al que tiene más cerca, cigarro explosivo mediante. Hay que decirlo, resulta aquí un poco bobo, matando a un cualquiera en lugar de al jefazo gordo, que está justo al lado. Lo que demuestra que no sólo los villanos tienen momentos estúpidos en estas películas.

007 Al Servicio Secreto de Su Majestad (1967): Por atípica, toda esta película es un momento memorable. Hay de todo: menciones nada sutiles a su predecesor (en este film no fue Sean Connery, sino el australiano George Lazenby quien interpretó al agente británico), guiños en forma de fotos a antiguas amantes, un balneario repleto de bellezones deseosas de aprender las cosas de la vida… Nos quedamos, qué duda cabe, con el matrimonio de 007, la única vez que se casa por amor, y con el trágico desenlace, en una película que por derecho propio merece mencionarse como “pieza única” dentro de la serie. Y bastante menos mala de lo que nos quieren hacer creer… Lazenby habría sido un muy buen James Bond. Pero tiempo habrá de dedicarles un artículo a los actores.

Diamantes Para La Eternidad (1970): Terminamos esta parte con el regreso de Connery, que tuvo más ruido que nueces en esta película, de pocos momentos memorables en el imaginario bondiano. Yo me quedo con dos, uno bastante notable y el otro algo menos: la somanta de palos propinada a nuestro héroe por “Bambi” y “Pluto”, dos guardianas tan bellas como efectivas, y la escena en que Connery sisa a Bloefeld la cinta con los códigos del satélite ultradestructivo y se la planta en el trasero a Jill St. John espetándole “tu problema está ahora detrás de ti”.

Y paramos por el momento. En un próximo artículo hablaremos de las escenas memorables de las películas de Roger Moore, Timothy Dalton y Pierce Brosnan. Además, por supuesto, del Bond “no oficial”, protagonizado de nuevo por Sean Connery y su peluquín. No se me despisten.

Comentarios
  1. carmen : 16.10.07

    La del sombrero asesino, esa es la que más recuerdo de todas… y los 007 que no son Sean, por favor me los borre del mapa!

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