Monk (TV)

“Monk”, USA Cable Entertainment/Mandeville Films, 2002

Creador: Andy Breckman

Intérpretes principales: Tony Shalhoub (Adrian Monk), Bitty Schram (Sharona Fleming), Traylor Howard (Natalie Teeger), Jason Gray-Stanford (Lt. Randall Disher), Ted Levine (Capt. Leland Stottlemeyer)

Duración: 44 minutos/episodio

Enlace IMDb

No hace mucho le leía a un bloguero que “Monk” no es una gran serie, pero que te deja con muy buen ánimo tras verla. Y tiene razón, salvo que yo sí que creo que es una gran serie.

Lo es porque parte de una premisa muy sencilla: el clásico juego de “¿quién lo hizo?” con un detective privado muy peculiar, una ayudante voluntariosa y un par de policías medianamente torpes. En este caso, el detective es Adrian Monk (Tony Shalhoub), un ex-policía con trastorno obsesivo-compulsivo que dejó el cuerpo años atrás cuando su esposa fue asesinada con un coche bomba. Monk tiene un millón de fobias (a los gérmenes, al desorden, a las alturas, a los números no redondos,...) y visita al psiquiatra tres veces por semana. Su ayudante, Sharona Fleming (Bitty Schram), sustituida por Natalie Teeger (Traylor Howard) mediada la segunda temporada, le acompaña a todas partes y es la encargada de introducir un poco de cordura cuando Monk se excede al expresar sus manías. Por su parte, el capitán Stottlemeyer (Ted Levine, el inolvidable Buffalo Bill de “El Silencio de los Corderos”) y el teniente Disher (Jason Gray-Stanford) son los dos policías a quienes Monk irrita y fascina a partes iguales, ya que sin su ayuda no podrían resolver la mayor parte de los casos. Además de sus manías, Monk posee un don y, como él dice, una maldición: una capacidad de observación y una memoria prácticamente ilimitadas, lo que, unido a sus dotes deductivas, convierte a este extraño personaje en un cerebro electrónico andante.

Creada por Andy Breckman, “Monk” no rebosa realmente originalidad, ya que bebe de diferentes fuentes según el episodio. En algunos, es puramente agathachristieano: sabemos que se ha cometido un crimen, pero no sabemos quién ni cómo encontrarle. En otros es más un especimen del tipo Colombo: conocemos al asesino y al crimen desde el principio y la trama se centra en ver cómo Monk consigue atar todos los cabos hasta apresar a quien ya sabemos que lo hizo. A veces, incluso, el propio Monk descubre al criminal en el momento de conocerlo, pero necesita pruebas para que la policía pueda arrestarle. Su compulsividad tampoco es nueva, puesto que el cine y la televisión nos la han mostrado de mil maneras, tanto en clave de comedia como de drama, y quizás el referente más conocido, por cercano, sea el Melvin Udall interpretado por Jack Nicholson en “Mejor… Imposible” (“As Good As It Gets”, 1997), de James L. Brooks, aunque a mí me recuerda mucho más al Bob Wiley de “¿Qué Pasa con Bob?” (“What about Bob?”, Frank Oz, 1991). Sin embargo, “Monk” añade sus propias cualidades a lo que toma de estos personajes, ya que es un tipo taciturno, que apenas sonríe, que vive obsesionado por no haber podido encontrar al asesino de su esposa, que obtiene pocas satisfacciones de la vida (eso sí, cuando las obtiene exulta de alegría) y que se aferra a sus rutinas diarias para mantenerse en pie. Tampoco es un chulo ni un sobrado a pesar de su excepcional inteligencia y de que raramente se equivoca; todo lo contrario, desprende toda la ternura posible dentro de ese terrible mundo en el que se ha colocado desde pequeño y del que no quiere salir. Por todo ello, Monk es un personaje realmente “querible”, con quien el espectador empatiza casi enseguida, y eso que a veces le pueda sacar de sus casillas aun estando en lados distintos de la pantalla.

Pero si en alguien está verdaderamente inspirado el personaje de Adrian Monk es en el inmortal Sherlock Holmes: En efecto, Monk es un hombre solitario pero necesitado de compañía estable (su ayudante, que hace a la vez de Watson y de Mrs. Hudson); la profesión de Monk es “detective consultor”, igual que Holmes; Monk posee unos conocimientos exactos, aunque no profundos en una gran cantidad de materias (ya en el piloto se desmarca al identificar con precisión un tipo determinado de tabaco por el olor, tal y como hace Holmes en su presentación en “Estudio en Escarlata”). Incluso los dos policías, Stottlemeyer y Disher, están claramente basados en Lestrade y Tobias Gregson (“son lo mejorcito de un grupo de torpes”, dirá Holmes en su primera novela). Monk tiene también su propio Moriarty en el desconocido que ha asesinado a su mujer, ya que es un crimen que le mantiene en la inopia, pero a fecha de hoy (mediados de la quinta temporada) poco o nada sabemos de ese sujeto. Las coincidencias son tan evidentes como intencionadas, incluso con un pequeño juego de palabras con las iniciales de los policías, aunque la broma se perdió en el segundo capítulo cuando le cambiaron el apellido a Disher, antes Deacon.

A pesar de ser una serie policiaca, en “Monk” el crimen de cada capítulo suele ser un “macguffin” que no tiene otro objeto que poder recrearnos con las habilidades, manías y pequeñeces del protagonista mientras lo intenta resolver. Sabiendo esto, los guionistas optan muchas veces por dar todas las pistas al espectador y que no se entretenga en buscar él mismo al asesino, sino que pueda disfrutar de los métodos de Adrian. También es una serie maniquea y esto queda claro por la brutalidad de los asesinatos, a veces demasiado explícitos ante la cámara, de forma que a la audiencia no le queden prejuicios morales. Es entonces mucho más interesante observar la relación de Monk con quienes le rodean, propios y extraños (que, invariablemente, se ven superados y sacados de quicio por el obsesivo sabueso), la aparición de secundarios tan peculiares como él, incluido su hermano (¿Mycroft?), más inteligente, más obsesivo y más cabezón que él, y también más misterioso pues jamás sale de su casa. Incluso el cambio de ayudante influye en el comportamiento de Monk, ya que ante Sharona se sentía más intimidado y con Natalie podemos asistir a divertidas discusiones, ya que ella se implica mucho más en la resolución de los casos, a veces con sus propias “teorías”.

“Monk” es, en definitiva, una serie que sin ser extraordinaria sí está muy por encima de la media. Al tener historias autoconclusivas en cada capítulo, se pueden ver en desorden sin que pierda un ápice de frescura, si bien los primeros resultan más hilarantes al descubrir cada “mijita” del carácter de Adrian Monk a un ritmo mucho más rápido, dosificado luego conforme la serie se fue asentando en la parrilla. Es una serie que deja muy buen sabor de boca al llegar a los créditos finales, ya que nunca deja un cabo suelto pero no se pierde en las conclusiones y tiene la virtud de arrancar una sonrisa incluso en las tardes más melancólicas. Eso sí, véanla con cuidado… o se descubrirán en cualquier momento con más de una manía adoptada de nuestro obsesivo-compulsivo predilecto.

Comentarios
  1. Oz_pinando : 20.10.07

    Fíjate que a mí me gusta Monk por los secundarios, de la misma forma que Sherlock no se sostendría sin Watson. La ayudante es el personaje que mejor me cae, hicieron un sagaz cambio con ella; los tres son el contrapeso ideal a un hombre carente de atracción personal: la simpática, el brutote y el tontorrón. Esa gracia que tiene la serie es la que le faltaba de poner a Sir Arthur, incluso el Poirot de Agatha Christie se hace simpático con sus extravagancias, Sherlock no, es un personaje insociable.
    La mayor pega de Monk: “el facilismo”, rara vez no descubro al asesino, cuando es incógnito, con pelos y señales antes del intermedio… o quizá sea eso precisamente otro de sus atractivos.

  2. Joseph Gillis : 20.10.07

    Estoy de acuerdo, era más simpático Watson que Holmes, porque la antipatía iba dentro del carácter de éste. Evidentemente hay diferencias, de lo contrario se habrían limitado a hacer otra serie sobre Sherlock, pero creo que las semejanzas entre éste y Adrian Monk son más que casualidades.

    Y claro, lo que dices del “facilísimo” es lo mismo que cuento en la reseña… al final el crimen es lo que menos importa, sino la forma en la que llega a la solución. Ahora estoy volviendo a ver uno en el que conocemos al asesino desde el principio, y el misterio no está en desvelar que lo hizo, pues él mismo lo admite casi enseguida, sino en probar cómo lo hizo.

    De hecho, ahora que lo pienso, creo que cada vez hay menos “whodunnit” en los capítulos de Monk y son mucho más estilo Colombo. Lo que me dice que el personaje está cada vez mejor asentado.

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