La Cena de los Acusados

The Thin Man“, USA 1934, Metro-Goldwyn-Mayer

Director: W. S. Van Dyke
Productores: Hunt Stromberg
Guión: Albert Hackett, Frances Goodrich, basado en la novela homónima de Dashiell Hammett
Música: Dr. William Axt
Fotografía: James Wong Howe
Montaje: Robert J. Kern
Vestuario: Dolly Tree
Diseño de Producción: Cedric Gibbons

Intérpretes Principales: William Powell (Nick Charles), Myrna Loy (Nora Charles), Maureen O’Sullivan (Dorothy Wynant), Nat Pendleton (Guild), Minna Gombell (Mimi), Edward Ellis(Clyde Wynant), Porter Hall (MacCaulay), Henry Wadsworth (Tommy), César Romero (Chris), William Henry (Gilbert), Harold Huber (Nunnheim), Natalie Moorehead (Julia Wolf), Edward Brophy (Morelli), Cyril Thornton (Tanner)

Enlace IMDb

Durante los años 30, una de las parejas cinematográficas más queridas fue la formada por William Powell y Myrna Loy. Fue gracias a esta película de 1934 que se convirtieron en el matrimonio mejor avenido de Hollywood, al menos dentro de la pantalla; una fama que se extendió durante diez años y más de una docena de filmes, convirtiéndoles en una de las estampas fijas de la época dorada.

Basada libremente en la novela de Dashiell Hammett “El Hombre Delgado” (título original del film), Powell & Loy interpretan a Nick y Nora Charles: él es un detective retirado tras muchos años de profesión, pero sólo porque su mujer ha heredado una gran cantidad de dinero que les permite vivir con holgura. Ella es atractiva, inteligente e independiente, devota y a la vez crítica con su esposo. Entre ambos se llevan a la perfección y se adoran, aunque ello no es óbice para que se vayan lanzando pullas a diestro y siniestro. Son alegres, irónicos, audaces, escépticos y, además, comparten una pasión por las bebidas espirituosas que en más de una ocasión les hará soltar la lengua más de lo debido. Son, en definitiva, una pareja con química. Por eso, cuando desaparece Clyde Wynant, amigo de la familia y posible implicado en un asesinato, Nora convence a Nick (a pesar de su reticencia inicial) para que retome una vez más su profesión y ayude a Dorothy, la hija de Clyde, a esclarecer qué ha pasado realmente.

Aun partiendo de una novela negra, la película se concibe desde el principio como un thriller en clave de comedia. Los Charles buscan un posible asesino que ha desaparecido y, hasta llegar a las conclusiones finales, pasan por un continuo de aventuras salpicadas de alcohol, pistolas y bromas. Sin perder la compostura en ningún momento, tanto Powell como Loy enamoran al espectador con su finesse y su agudeza, gracias sobre todo a la capacidad que tienen para el humor gestual; no en vano estos dos actores representan también el final de la transición del cine mudo al sonoro, eliminando el histrionismo y la exageración de los rostros y aprovechando al máximo las facilidades que les dio un guión brillante. La escena final, con la famosa cena en la que Nick descubre de forma un tanto “peculiar” al asesino, se coloca en uno de los momentos más hilarantes que Gillis ha visto jamás en una película.

En esta vieja Remington tenemos costumbre de hablar del director al principio de cada reseña. En este caso he preferido dejarle donde a él le gustaba: entre bastidores. Woody Van Dyke fue uno de los primeros artesanos del cine sonoro y sólo su prematura muerte le impidió extender su buena fama más allá de la década de los cuarenta. Tras el enorme éxito con el mítico film “Tarzan de los Monos” (_Tarzan of the Apes_, 1932), Van Dyke demostró con el film que nos ocupa su habilidad para sacar lo mejor de su equipo, además de su predilección por la espontaneidad. Apodado “One-Take-Woody” por las pocas tomas que repetía, es indudable que en “The Thin Man” son esas dos características las que contribuyen a la espectacular química y fluidez en la pareja protagonista. Olvidado durante mucho tiempo a pesar de haber pergeñado obras maestras como “San Francisco” (1936) y de que la saga del Hombre Delgado se extendió por cinco películas más, ha sido en los últimos años cuando la figura de este magnífico director ha recuperado el lugar que se merece en la época dorada, incluyendo la salida en DVD de sus mejores películas.

Y entre ese grupo, precisamente, se encuentra “La Cena de los Acusados”, que si bien no aportó nada al cine negro, sí que lo hizo al thriller detectivesco, añadiéndole esos picotazos cómicos que luego acabarían siendo imprescindibles (aunque en menor medida) en cualquier película adscrita al género. No es ya que sea una película divertida, viva y —fíjense en lo que digo— excesivamente corta para lo bien que se lo pasa uno. Es que merece la pena verla solamente por el personalísimo bigote de William Powell y por el mágico, delicioso rostro de actriz de Myrna Loy.

Comentarios
  1. J. Addams :  9.09.08

    Me alegra contribuir a la diversión del personal, y a la mía propia, jé.
    Y, sobre todo, es chocante lo que se empinaba el codo en las películas antiguas, y sin perder la compostura!
    saludos

  2. carmen : 15.09.08

    Lo que se bebía, y lo que se fumaba… y hasta no hace tanto, además (con lo políticamente incorrecto que es ahora, jeje).

Deja tus diálogos:

'Nombre', 'Correo' y 'Comentario' son campos requeridos.

Nombre

Correo Electrónico

Página Web

[Ayuda Textile]

 — 

Los textos originales de este cuaderno se encuentran bajo una Licencia Creative Commons. El resto son propiedad de sus respectivos autores.
Valida xhtml y css. Formatos disponibles para agregadores de noticias: atom y rss ( Suscribir).
Gestionado con Textpattern.


Datos de Taquilla