Las Películas de James Bond (VI): Los Artilugios

Es una verdadera lástima que el nuevo Bond haya eliminado de su equipamiento los maravillosos artilugios que proporcionaba la Sección Q a sus predecesores. En parte tiene sentido, puesto que la tecnología ha avanzado tanto que buena parte de esos extraños aparatos se ven hoy día no sólo pasados de moda, sino ampliamente superados por objetos que existen en el mercado; algunos, incluso, a precios más que razonables, con lo que ser un espía al estilo Bond-sesenta se ha convertido en algo al alcance de casi cualquiera.

Sin embargo, Q, ese cascarrabias que vive para su trabajo y sus ingenios, ha permitido en más de una ocasión que uno de esos artilugios acabe salvando la vida del agente británico. O, al menos, darle una mínima oportunidad de no acabar a cachitos a manos del villano de turno. A pesar de la displicencia con que 007 trata sus inventos, y a pesar de que raramente terminan la misión en tan buen estado como la comenzaron, es evidente que Q se siente orgulloso del papel que desempeñan los artilugios en la delicada tarea de salvar el mundo.

El personaje interpretado por Desmond Llewelyn es uno de los más longevos de la serie, abarcando nada menos que a cinco diferentes encarnaciones de James Bond, si bien en 007 Contra el Dr. No era otro actor quien lo interpretaba, y éste se limitaba a sustituir la vieja Beretta de Bond por su característica Walther PPK. El Mayor Boothroyd aparece en Desde Rusia con Amor como parte integrante de la historia y es en Goldfinger donde presenta en sociedad a una de las joyas de la corona: el famoso Aston Martin DB5, el coche de Bond por antonomasia.

Este simpar vehículo haría reventar de envidia a los coches “tuneados” de hoy: matrículas intercambiables; mecanismos de defensa que arrojaban aceite a la carretera o extraían unas afiladas cuchillas de las ruedas destinadas a reventar los neumáticos a los coches adyacentes, una especie de carro griego de Messala, años 60; carrocería y lunas blindadas (¡por supuesto!); sistema de seguimiento por radar y, lo más divertido, un asiento eyectable cuyo botón disparador se encontraba bajo la cabeza de la palanca de cambios. Aún así, rara era la película en la que acababa de una sola pieza; normalmente los villanos o sus secuaces se incautaban de él o bien el mismo Bond lo destrozaba de tal manera que ni el seguro era capaz de cubrir tamaño estropicio.

Durante los setenta se vio muy poco al Aston Martin. En alguna de las películas de Roger Moore fue vilmente sustituido por un Lotus Esprit blanco con capacidad sumergible y misiles tierra-aire, de línea un tanto hortera y que en ningún caso gozó del mismo favor de los fans, quizá porque se aparecía un tanto vulgar comparado con la elegancia del auto precedente. Algo similar sucedió con el BMW que llevaba Pierce Brosnan, víctima de la implacabilidad de los patrocinios. ¿Recuerda alguien qué modelo de BMW era o qué chuminadas —con perdón— llevaba de serie? Tienen razón: nosotros tampoco.

Otro elemento característico de James Bond, o al menos que pretendía serlo, fue el famoso maletín cargado de utensilios de Desde Rusia Con Amor. Aquí es donde se ve más claro lo que les contaba arriba de pasarse de moda: entonces era una maravilla de la técnica imposible. Hoy, un maletín que lleva un cuchillo escamoteable, cincuenta soberanos de oro para casos de emergencia o una bomba paralizante que se activa al abrirlo no pasa de ser algo fácilmente encontrable en un “Todo a Cien” a poco que se busque bien detrás de las libretas de dos rayas. Entonces era, no obstante, lo que Q llamaba “equipamiento estándar”, que todos los agentes debían de llevar por norma. Dentro de ese equipamiento encontramos también unas muñequeras lanzadardos que se activaban al estilo de Spiderman y que lo mismo lanzaban curare que explosivos. Para ser estándar era, no obstante, bastante aparatoso, y francamente no me imagino a 007 llevándolo durante todo el día, con el brazo dislocado. Y eso a pesar de que se probó tremendamente útil en Moonraker.

Q no apareció en todas las películas de la serie clásica; falta al menos en dos, Sólo Se Vive Dos Veces, donde sin embargo envía un helicóptero de bolsillo por paquete postal, y en el estreno de Roger Moore, Vive y Deja Morir, donde sólo sabemos que ha “arreglado” el reloj de Bond transformándolo en un potente electroimán que, todo hay que decirlo, no le hace demasiado buen servicio cuando lo necesita. Para compensar, en La Espía que Me Amó le hace llegar por valija diplomática una moto acuática plegable muy práctica a la hora de acercarse a la guarida del villano. Además, salpicados aquí y allá, queda bastante claro que los conocimientos de Física del mayor Boothroyd han sido un plus a la hora de concederle el puesto… aunque a veces se ponga un poco pesado con sus explicaciones.

Probablemente el personaje más querido por los fans de la serie, 007 aparte, Q decide jubilarse en la película El Mundo No Es Suficiente, con Pierce Brosnan, y en ese mismo film nos presenta a su joven sucesor, que tiene los rasgos y el estilo del gran John Cleese. Bond lo bautiza jocosamente como R y, dado que desconocemos su nombre real, es así como aparece en los títulos de crédito finales. Posiblemente Llewelyn habría reaparecido en el siguiente título de la saga, a modo de cameo, pero desgraciadamente un accidente de tráfico acabó con su vida poco después del rodaje de El Mundo… y sería Cleese quien tomara “oficialmente” (al menos, en la serie) el puesto de jefe de sección, como vemos en Muere Otro Día. Sin embargo, y para desesperación de los seguidores del canon bondiano, cuando Daniel Craig se hizo cargo del personaje y se decidió reinventar éste, fue la Sección Q, y por ende los artilugios salidos de ésta, una de las primeras víctimas del aggiornamiento, sin dejar claro en absoluto que vuelva a aparecer en futuras películas.

James Bond no está desnudo, desde luego, tiene a su disposición otras maravillas de la técnica, casi todas concentradas en un teléfono móvil, en un automóvil casi igual de cool que los de sus predecesores o, incluso, en un desfibrilador de bolsillo, por si acaso le envenenan. Ignoro si recuperarán al personaje de Q (o de R) dentro de esta etapa, como también ignoro si eso importa mucho a los nuevos fans de la serie, que me consta que no son pocos (Craig, le pese a quien le pese, crea afición). Pero como nostálgico y un tanto purista del género, una cosa sí tengo clara: Bond, sin Q, es un poquito menos Bond.

Comentarios
  1. Barbra Streisand : 23.12.08

    Quizás la esponsorización haya tenido bastante que decir ahí. Ahora los objetos de Bond son posibilistas en el sentido de que provocan el asombro y la ilusión del espectador pero que, a cambio de un prohibitivo precio, están a su alcance.

  2. J. Addams :  1.01.09

    quizás sea otra más de las influencias del más moderno ‘estilo Bourne’, pero echo de menos la parafernalia del espía: en la infancia, era lo que más llamaba la atención
    saludos

  3. Joseph Gillis :  7.01.09

    Naturalmente. Además, era ver como tangibles cosas que sólo veíamos dibujadas en los cómics, ¿verdad?
    Por cierto, el otro día vi por primera vez una de las películas de Bourne. Me mareé, en serio.

  4. Mente Inquieta : 24.09.12

    Los artilugios de Bond siempre fueron posibles con la tecnología de cada época (o posible fabricar algo muy cercano, salvando la exageración cinematográfica en ocasiones),al igual que hoy es posible controlar un coche con un teléfono móvil.La grandiosidad de estas películas está en que siempre son pioneras en esas ideas, son una fabrica de inventos impensables que terminan por hacerse realidad.
    Bourne es sencillamente otro estilo de película.

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