Una de las cosas que cada vez me da más rabia del cine actual es que los guionistas se empeñan en explicar TODO con diálogos o flashbacks, tratando al espectador como un imbécil que no es capaz de atar cabos solito. Llevo años diciendo que la mayor parte de las películas que sobrepasan (de largo) las dos horas de metraje podrían hacerse perfectamente con 30 ó 45 minutos menos, sacando todos los diálogos y escenas superfluas o, simplemente, aprendiendo a explicar las cosas con menos líneas.
Mi secuencia elegida de hoy va en ese sentido. La película es Jungla de Cristal (Die Hard, 1988, John McTiernan) y no es ninguna de sus múltiples y espectaculares escenas de acción, ni ninguno de los momentos ya míticos para el fan contenidos en los diálogos del protagonista John McClane (Bruce Willis haciendo de Bruce Willis, como debe ser). La escena de que les hablo está al principio justo del film, con los créditos todavía corriendo.
McClane está aterrizando en un avión en Los Ángeles; se le ve nervioso, agarrado al asiento. A su lado hay un hombre de negocios de aspecto tranquilo que le mira compasivamente, aunque con un puntito de sorna. Éste es el diálogo que se produce:
Hombre de negocios: No le gusta volar, ¿verdad?
John McClane: ¿Cómo lo ha adivinado?
Hombre de negocios: ¿Quiere saber el secreto para sobrevivir a un vuelo? Cuando llegue a su destino, quítese los zapatos y los calcetines, y junte los dedos de los pies mientras camina descalzo por la alfombra.
John McClane: ¿Juntar los dedos de los pies?
Hombre de negocios: Lo sé, lo sé, parece una tontería. Hágame caso, lo llevo haciendo durante nueve años. Sí señor, mejor que una ducha y un café caliente.
John McClane: Okay.
Poco después, McClane se levanta a coger su maleta y podemos ver la culata de su pistola asomando por la chaqueta. El hombre de negocios la ve también y parece asustarse
John McClane: No se preocupe, soy poli. Tranquilo, lo llevo haciendo durante once años.
La secuencia dura alrededor de dos o tres minutos, no más. En ese corto período llegamos a saber que McClane es un policía (por tanto, un hombre al que se le supone valor), que posiblemente no vive en Los Angeles y no le hace mucha gracia ir allí. Pero, ante todo y sobre todo, en una sola línea nos dan una explicación perfecta de por qué, algunas escenas más adelante, va a quitarse los zapatos en un sitio extraño. Y luego, por las circunstancias de la trama, ha de quedarse descalzo, lo que tendrá, naturalmente, consecuencias en lo que le pasará después.
Dos minutos y apenas unas líneas de diálogo que convierten en creíble buena parte de una película de acción. Y, como dicen en inglés, prácticamente “seamless”, sin costuras. Si es que para hacer un buen guión no es necesario explicarlo todo, caramba.
El resto de la película es entretenidísima también, por cierto. No se la pierdan.
Arrugado y tirado a la papelera por Joseph Gillis
a las 20:08 horas del 15 de febrero de 2009





Cisne Negro : 22.04.09
clap clap clap, tío. En serio, magnífica reflexión.
Náufrago : 13.05.09
Hace tiempo que no pasaba por delante de tu vieja máquina y la verdad ha sido un placer volver a leer tus reflexiones.
Estoy totalmente de acuerdo contigo en la importancia del guión en y que, desgraciadamente hoy en día, parece ser este criterio la excepción y no la regla.
Joseph Gillis : 13.05.09
Cisne: gracias, tío. Perdona que tardase en contestar, que ando de un disperso…
Náufrago: coño, sí que hace tiempo. A ver si le echo una miraíta a tu blog. Me alegra verte de nuevo :-)