Topkapi

Topkapi“, USA 1964, United Artists
Director: Jules Dassin
Productor: Jules Dassin
Guión: Monja Danischewsky, basado en la novela “La Luz del Día”, de Eric Ambler
Música: Manos Hadjidakis
Fotografía: Henri Alekan
Montaje: Roger Dwyre
Vestuario: Denny Vachlioti
Maquillaje: Amato Garbini

Intérpretes Principales: Melina Mercouri (Elizabeth Lipp), Maximilian Schell (Walter Harper), Peter Ustinov (Arthur Simpson), Robert Morley (Cedric Page), Jess Hahn (Hans), Gilles Ségal (Giulio), Akim Tamiroff (Gerven el cocinero), Titos Vandis (Harvan) Ege Ernart (Mayor Ali Tufan)

Enlace IMDb

Aunque nació en Connecticut, a Jules Dassin se le puede considerar más griego que estadounidense, tal era su amor por Grecia y su cultura que se asimiló a ellas hasta el punto de que su cine está impregnado inequívocamente de los aromas del Mediterráneo. Indudablemente fue una de las razones de que se casara con Melina Mercouri, musa de buena parte de sus películas y con la que formó un tándem que se ganó su propio lugar en la historia del cine.

Topkapi es uno de esos films que hizo famosa a la pareja. Además, toca uno de los géneros preferidos de Dassin, el cine de crímenes, si bien esta vez apartado del clásico film noir por el que se dio a conocer. La película es una comedia pura que tiene como telón de fondo un robo. No el sempiterno intento de “crimen perfecto”, sino más bien el deseo de conseguir con éxito el “crimen imposible”, tal como la protagonista nos indica en su corto monólogo inicial. El botín: unas fabulosas esmeraldas situadas en la custodiadísima Sala del Tesoro del palacio que da título a esta cinta. El marco: Estambul. El plan: mejor no se lo desvelo y lo descubren ustedes.

El espectador puede tomarse esta película de dos formas: muy bien o muy mal. Y es que su envoltorio puede resultar un tanto chocante para los estándares actuales; está contagiada de esa psicodelia casi inevitable en los filmes de los años sesenta, que tantísimo daño hizo al cine (hasta el punto de que, en cierto modo, nunca llegó a recuperarse de ello) y, a pesar de eso, es posible verla sin prejuicios y dejándose llevar por una historia que funciona muy bien. Sigue todos los pasos que nos gustan en este tipo de filmes: deseo, objetivo, planificación, reunir a un equipo, una parte del plan que siempre falla y una ejecución intachable. Cuenta, además, con un par de protagonistas ambiciosos y, en este caso, pasadísimos, encarnados por un Maximillan Schell alegre y despreocupado que no es capaz de resistirse a un desafío y una Melina Mercouri, ambiciosa y desaforada, que hace de su feísmo un brutal atractivo. Como contrapunto inmejorable tenemos nada menos que a Peter Ustinov, en el papel de Arthur Simpson, un timador inglés de poca monta que ejerce sus pillerías en Kavala y al que los ladrones eligen como tonto útil para una tarea de contrabando, pero que, por uno de los innumerables giros argumentales que la película contiene, acabará como pieza imprescindible de este plan maestro.

La otra protagonista del film es Estambul, sin ninguna duda, bulliciosa y mágica en cada uno de sus rincones y por la que el tiempo parece no pasar. Evidentemente, en el siglo XXI existe una Estambul moderna y cosmopolita que, sin embargo, conserva intacta la esencia y el encanto de más de mil años, pero la que se refleja en “Topkapi” se limita (¿tiene límites?) a esa caldera en perpetuo movimiento que representa el cruce de múltiples culturas. Si bien a veces excesivamente tópica, y con algunos detalles que hoy pasarían por políticamente incorrectos (como las escenas con el siniestro jefe de policía), entiendo que no llegan a incomodar en ningún momento y se enganchan de la apasionante trama sin demasiada carga para el espectador.

“Topkapi” es una película que, si se toma en su debido contexto y se obvian ciertas cosas muy pasadas de vueltas (y ello no requiere un esfuerzo especial, en serio), deja muy buen sabor de boca de principio a fin. Es alegre, luminosa y viva, no decae en su desarrollo en ningún momento y se puebla de arquetipos tan exagerados que uno no puede más que reírse con ellos. Es, además, una comedia que no desecha ninguna herramienta del género si le es útil, y de la que luego muchas otras han bebido para sus particulares gags, cuando no han robado directamente sus escenas para presentarlas con una cara más moderna, pero nunca más espectacular. Una pista para animarles a verla: las acrobacias de Tom Cruise en “Mission: Impossible” no se las inventó precisamente Brian de Palma.

Comentarios
  1. manolo : 16.03.10

    prueba

  2. Prueba 4 : 16.03.10

    prueba 5

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