Alicia en el País de las Maravillas

Alice in Wonderland“, USA 2010, Walt Disney Pictures/The Zanuck Company

Director: Tim Burton
Productores: Tim Burton, Joe Roth, Richard D. Zanuck, Jennifer & Suzanne Todd
Guión: Linda Woolverton, basado en “Alice’s Adventures in Wonderland” y “Through the Looking Glass”, de Lewis Carroll
Productores Ejecutivos: Chris Lebenzon, Peter M. Tobyansen
Música: Danny Elfman
Fotografía: Dariusz Wolski
Montaje: Chris Lebenzon
Vestuario: Colleen Atwood
Diseño de Producción: Robert Stromberg

Intérpretes Principales: Mia Wasikowska (Alice Kingsleigh), Johnny Depp (El Sombrerero Loco), Helena Bonham Carter (Reina Roja), Crispin Glover (Sota de Picas), Anne Hathaway (Reina Blanca), Matt Lucas (Tweedledum/Tweedledee), Stephen Fry (El Gato de Cheshire), Alan Rickman (Absalom, La Oruga Azul), Michael Sheen (El Conejo Blanco), Paul Whitehouse (La Liebre de Marzo), Barbara Windsor (El Lirón), Timothy Spall (Bayard)

Enlace IMDb

Gillis es un fan incondicional de Tim Burton, pero no se imaginan cuánto. La paradoja aquí es que esa incondicionalidad la llevo incluso a las películas que no me gustan, e incluso teniendo en cuenta que en las que me gustan siempre les encuentro algún fallo de los de ponerse a gritar. Soy un fan incondicional aunque “Ed Wood”, la que dicen que es su mejor película, me ha parecido un tostón las dos veces que la he visto. ¿Entonces por qué soy fan sin reservas? Porque Burton tiene una concepción visual del cine que me fascina, que me atrae sin remedio, que me deja pegado a la pantalla aunque sea con un tráiler. Y eso es así desde que me quedé con las babas colgando viendo “Bitelchús” en un cine de Pamplona en el año de su estreno. Y gracias a eso le perdono casi todo.

Porque incluso en una película Disney como ésta, de argumento trillado y trama más que previsible, donde Burton no puede introducir sus particulares fantasmas en el guión más allá de lo “infantilmente correcto”, es capaz de desatarse a gusto modelando los personajes a su antojo, aprovechando las posibilidades que ofrecen las dos historias de Lewis Carroll. La película no sigue la trama de los libros, sino que toma muchos elementos de ambos, añade algunos nuevos para que den continuidad a la historia y el resultado es, en realidad, una película juvenil de aventuras y acción, con cierto tinte macabro que el director no es capaz —o no desea— evitar y que, en el fondo, es parte de lo que hace de esta película algo novedoso.

La originalidad, la imaginación, como digo, es fundamentalmente visual. No me cabe duda de que para Burton el mundo fantástico de Alicia era un auténtico caramelo que llevar a la pantalla, y ese amor por el personaje se nota en el universo que para ella construye. Al contrario que en otros films donde Burton trata de retorcer al máximo los arquetipos, aquí procura no cruzar la frontera de lo desagradable —no olvidemos el tipo de público al que se dirige— pero sí aprovecha hasta ese límite las posibilidades que tan grotescos personajes ofrecen. Incluso el etéreo personaje de la Reina Blanca (Anne Hathaway) llega a resultar casi repulsivo en ciertos momentos. Para que el contraste sea patente, se realza hasta el extremo el aspecto pálido y hermoso de Alicia (Mia Wasikowska, que físicamente podría ser una Gwyneth Paltrow rejuvenecida) frente a los rasgos exageradísimos de la Reina de Corazones o Reina Roja (una Helena Bonham Carter a la que se le da estupendamente el papel), su inseparable y terrorífica Sota ( enorme Crispin Glover), los gemelos Tweedledum y Tweedledee (Matt Lucas en ambos casos) y, por supuesto, la corte de falsos aduladores de la Reina. En todos los casos, Alicia se destaca por encima del resto, si bien lo hace sin apabullar, incluso sintiendo incomodidad por ello. Es por eso que su interacción con el resto de personajes, especialmente los no “humanos” se presenta natural y sin apenas aditivos chirriantes.

Me he dejado para el final, con toda la intención, al otro personaje central de la historia, el Sombrerero Loco, interpretado —cómo no— por el indescriptible Johnny Depp. Por si quedaba alguna duda de que Depp es capaz de cualquier registro, en esta película los da casi todos, gracias a la permisividad del personaje. Así, lo vemos oscilar desde el tarado que recuerda al Ed Wood de los principios (“¡a positivar!”), pasando por el aventurero Jack Sparrow, hasta el dolorosamente romántico Eduardo Manostijeras. Entre medias, todo lo posible: rebeldía, locura, ira, humor… inteligencia, mucha inteligencia. Un papel en el que cuesta no pasarse para no robarle las escenas a la protagonista y evitar que la película haya de titularse “El Sombrerero Loco en el País de las Maravillas con alguien que pasaba por allí”. Depp lo consigue, y aún así su trabajo se queda pegado en la memoria.

En el fondo me alegro de que Burton no haya querido o no haya podido hacer de Alicia una película oscura e inquietante, como muchas de su filmografía. Creo que tanto el personaje como sus historias merecían luz, mucha luz, aunque fuese una luz de colores extraños y caras amables pero no ñoñas. Librarse del corsé que Disney impone es complicado, por no decir imposible, y eso implica tener que aprovecharse de lo que a uno le ofrecen y explorar unos límites inusualmente estrechos para un director acostumbrado a desmelenarse. Quizá por eso la película está plagada de fuentes ajenas y propias. Además del Sombrerero Manostijeras ya mencionado se encuentran elementos que ya aparecían en otros films de Burton o producidos por él, como “James y el Melocotón Gigante” ( James and the Giant Peach, Henry Selick, 1996), “Sleepy Hollow” (1999) y, en menor medida, “Bitelchús” ( Beetlejuice, 1988). Igualmente hay varias referencias (intencionadas o no) a “La Historia Interminable” ( Die Unendliche Geschichte, Wolfgang Petersen, 1984), a “Dentro del Laberinto” ( Labyrinth, Jim Henson, 1986), y, por supuesto, a la también disneyana “La Bella Durmiente” ( Sleeping Beauty, 1959, Clyde Geronimi), que el Jabberwocky es clavadito al dragón en que se convierte el hada Maléfica. Todo mezclado en su coctelera, desde luego, y pintado con los colores de esa extraña paleta que solo él posee. El resultado es, vaya sorpresa, un hermoso cuento, pues la forma de narrar de Burton es esa, contarnos un cuento, meternos dentro de él y asustarnos de vez en cuando para que recordemos que la fantasía también produce monstruos.

Comentarios
  1. Joseph Gillis : 15.03.10

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