In The Loop

In The Loop“, Reino Unido 2008, BBC Films / UK Film Council

Director: Armando Iannucci
Productores: Kevin Loader, Adam Tandy
Guión: Jesse Armstrong, Simon Blackwell, Armando Iannucci, Tony Roche, Ian Martin, basado en la serie “The Thick Of It”, creada por Armando Ianucci
Productores Ejecutivos: Simon Fawcett, Paula Jalfon, Christine Langan, David M. Thompson
Música: Adem Ilhan
Fotografía: Jamie Cairney
Montaje:Ant Boys, Billy Sneddon
Vestuario: Ros Little
Diseño de Producción: Cristina Casali

Intérpretes Principales: Peter Capaldi (Malcolm Tucker), Chris Addison (Toby Wright), Gina McKee (Judy Molloy), Tom Hollander (Simon Foster), Mimi Kennedy (Karen Clark), James Gandolfini (Teniente General George Miller), Anna Chlumsky (Liza Weld), David Rasche (Linton Barwick), Paul Higgins (Jamie MacDonald)

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Aprovecho la mención que se hace de ella en Libro de Notas para revisar y reseñar este film de Armando Iannucci que debería estar destinado a convertirse en un clásico del género.

El género político ha dado muy grandes películas, especialmente durante la época de posguerra en Hollywood; pero al mismo tiempo es un género complicadísimo, pues requiere casi invariablemente la total implicación, ética, política y moral, de quienes trabajan en un film de estas características. Eso incluye tomar partido, no puede evitarse, por lo que el resultado final aparecerá irremediablemente ligado a la ideología, y ello dificulta valorar a la película exclusivamente como una obra artística. Si, además, se le quiere dar un toque de comedia o se intenta hacer una sátira (algo que en las últimas décadas es lo más habitual), hay que andarse con pies de plomo si no se quiere cruzar la línea que la separa de la farsa, pues se corre el riesgo de que el mensaje se diluya.

Iannucci camina peligrosamente por esa línea, pero sale de ella airoso. In The Loop es una adaptación al cine de su propia serie de televisión, The Thick Of It, con algunos cambios y una re-introducción de los personajes para quienes no conocían la serie. Ésta podría muy bien ser una revisión al alza de Yes, Minister (Anthony Jay/Jonathan Lynn, 1980-84), con un chorrito de The New Statesman (Laurence Marks/Maurice Gran, 1987-92) y un estilo visual similar a series como The Office (Ricky Gervais/Stephen Merchant, 2001-03). La exquisita educación y flema inglesas se han sustituido por un completo y nada recomendable tratado de la hijoputez, con un lenguaje tan grueso como bien elaborado (la cantidad de referencias culturales es abrumadora) y donde cualquier atisbo de ética es arrancado de raíz cual mala hierba. No existe moraleja, no hay finales felices y ni siquiera te queda la esperanza de que al final triunfe el sentido común y se beneficie al ciudadano… algo que hasta en la transgresora “The New Statesman” sucedía alguna vez que otra.

Así es en “The Thick of It” y así sigue siendo en “In the Loop”. En esta ocasión Iannucci decide salirse de la política local y torpedear sin más miramientos las relaciones entre USA y Gran Bretaña, a partir de lo que sucede detrás de los escenarios que componen el teatro que luego nos sirven los medios con luces de colores. El trasfondo de la trama (si es que podemos hablar de trama) es, aunque no se mencione explícitamente, la invasión de Iraq del año 2003. Y el detonante son las ambiguas aunque no intencionadas declaraciones de un ministro británico en las que insinúa que una guerra es posible. A partir de ahí asistimos al frenético intercambio de putaditas entre británicos y estadounidenses con la mano derecha, mientras que con la pierna izquierda cada “bando” se dedica a poner zancadillas ente los suyos, a ser posible llevando botas con clavos. Es fácil distinguir al pringado del experto por la forma de comportarse de cada uno, y queda clarísimo que la veteranía será un grado, pero no una garantía de sensatez. Como dicen sus protagonistas en una entrevista (que aparece en la versión de DVD, con muchos y muy buenos extras), “es gente muy buena en lo que hace, pero que en ese momento no lo está haciendo nada bien”. Lo que se refleja en pantalla, sin embargo, no es nada parecido al slapstick, sino situaciones exacerbadas pero tan verosímiles que hacen reír al tiempo que incomodan… ¿realmente es así? ¿Realmente estamos en manos de gente tan incompetente, tan increíblemente cabrona? La película no flojea porque no deja descanso ni espacio para veleidades morales: al final la vida continúa y lo que sucede a miles de kilómetros de donde se toman las decisiones no afecta a quienes las toman más allá de unos titulares de periódico o alguna que otra pulla desde la televisión.

Es indudable que un mensaje tan intenso requiere mantener esa tensión de manera continuada para que, efectivamente, pueda llegar al público; y eso es más fácil en capítulos de media hora que hacerlo durante hora y media. Y, por la técnica que emplea, colocando la cámara sobre los protagonistas de modo que el espectador pueda casi “conversar” con ellos, está claro que ese trabajo descansa fundamentalmente en los diálogos y en los actores, dejando muy poco espacio a los artificios visuales. El que los intérpretes sean relativamente desconocidos para el público fuera de las Islas Británicas (o, en el caso de los americanos, fundamentalmente secundarios) ayuda a conseguir este difícil efecto y, a la vez, concentra todas las miradas en el trabajo interpretativo y coloca en éste la responsabilidad del éxito o del fracaso del film. Y aquí es donde entran Peter Capaldi y Chris Addison, quienes, por hacer una comparación absurda, serían los Gaby y Miliki de este circo, pero sin asomo de buen rollo.

Capaldi repite aquí su magistral papel de Malcolm Tucker, spin doctor del gabinete del Premier británico; un tipo activamente agresivo, verbalmente violento y absolutamente dedicado a su trabajo, con una única obsesión: que nadie se salga “de la línea”. Todo lo que pueda salir a la prensa ha de estar medido y cronometrado, ya que de ello depende la imagen del gobierno. Por eso se desespera con los torpes ministros con los que le toca bregar diariamente (inciso: la primerísima escena de “The Thick of It” define al personaje perfectamente e incluso ayuda a disfrutar mucho más de esta película), con el equipo que éstos tienen a su alrededor, con la prensa que se ceba con ellos cada vez que la cagan y, en general, con esos incordios de seres llamados votantes. Capaldi, simplemente, lo borda: su interpretación tiene tantísima fuerza que uno no atiende tanto a lo que dice sino a cómo lo dice, a sus gestos faciales, a esa mirada que golpea y a esos movimientos de un lado a otro de la sala como un terremoto cuyo epicentro va por donde pisa. Era inevitable que su personaje acabara convirtiéndose en algo icónico y que a buen seguro goza ya de un puesto de honor en esa larga galería de “inolvidables” que la televisión británica nos brinda desde hace décadas.

Chris Addison como Toby Wright (el mismo personaje de la serie, pero con nombre diferente para poder presentarlo desde el principio), mano derecha del ministro Foster, es todo lo contrario en carácter a Tucker: calmado, cínico, mucho menos verborreico y con mejores modales, incluso cuando dice un taco se le nota incómodo. Pero no por ello es menos cabrón o ambicioso; al contrario, es incluso más amoral que su adversario interno, ya que mientras que Tucker siempre considera que está cumpliendo con su deber (aunque su forma de hacerlo no sea precisamente ortodoxa), Toby no dudará en lamer el trasero de su jefe o tratar de llevarse a quien sea a la cama si eso sirve a su vocación de trepa. Addison es un monologuista cómico con una tremenda capacidad de improvisación que, en este film, es condición casi indispensable ya que Iannucci dejó bastante libertad a sus actores para que completaran sus diálogos de manera natural. Lo peor/mejor de todo es que consigue que un personaje tan repulsivo como el suyo acabe cayéndote bien.

Entre medias de estos dos, un elenco que se va repartiendo cada uno en su justo lugar y del que destacaríamos a Tom Hollander como el desnortado ministro Simon Foster, quizá el único con un mínimo de decencia en toda la historia, aunque no con la suficiente como para no cubrirse las espaldas. Igualmente notables son la irritante Karen Clarke (Mimi Kennedy), Secretaria de Estado Adjunta para la Diplomacia, y su némesis Linton Barwick (David Rasche), Secretario de Estado Adjunto para Políticas; paloma y halcón, respectivamente, y prodigándose un cordial desprecio mutuo, ofrecen algunos de los mejores momentos desde el lado americano de la cosa. Y daremos una mención especial por el esfuerzo a Paul Higgins como Jamie MacDonald, “el hombre más cabreado de escocia”, que podría ser un mini-yo del propio Tucker, evidentemente su modelo de conducta. Más flojitos se ven, sin embargo, tanto Gina McKee en el papel de Judy Molloy, Directora de Comunicación del Ministerio, como Anna Chlumsky, horrible en el de Liza Weld, ayudante y comemarrones de la señora Clarke. En descargo de McKee hay que decir que muchas de las escenas que se eliminaron, y que pueden encontrarse en el DVD en forma de descartes o de “webisodios”, ayudaban a construir su personaje mucho mejor. En el montaje final desaparece casi todo lo que le da sustancia, sin embargo, de ahí que sea de los pocos personajes de los que se podría prescindir sin que la trama sufriera demasiado. Más me choca lo de James Gandolfini como oficial del Pentágono, pero creo que en este caso es porque no puedo evitar ver a Tony Soprano en cualquier cosa que este actor hace. Y dejo para el final un personaje que me encanta porque, de rastrero que es, al final no puedes dejar de sentir cierta ternura por él. Me refiero al lameculos con diploma de Chad (Zach Woods), especialista en arrimarse sin disimulo ni vergüenza al sol que más caliente en ese momento y cuya escena con las raquetas de squash es para enmarcar: pocas veces queda definido tan bien un personaje con un único plano y que se haga, como el resto, asquerosamente creíble. Si hay un acierto en el reparto, además de los dos principales, es sin duda este ser tan repugnante.

Mi consejo sería que vieran un par de capítulos de The Thick Of It y después vean In The Loop… diría que se disfruta mucho más, al comprender mejor de dónde provienen los personajes. En cualquier caso, se puede uno echar encima de la película sin más ceremonias, tanto la historia como el ritmo que Iannucci le imprime, sobre todo gracias a una excepcional labor de montaje (la primera versión duraba más de cuatro horas) y a un grupo de actores más que aceptable, empezando por su baza más segura y que nunca me cansaría de nombrar si me preguntasen por esta película: Peter Capaldi, Peter Capaldi y más Peter Capaldi. Eso sí, prepárense a sentir una nada desdeñable desazón cuando corran los títulos finales, porque aunque la película acabe fundiéndose a negro, por detrás del telón hay un grupo de auténticos impresentables, éstos de carne y hueso, que sigue trabajando sin que podamos hacer nada para evitarlo.

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