¡El Soplón!

The Informant!“, USA 2009, Warner Brothers
Director: Steven Soderbergh
Productores: Howard Braunstein, Kurt Eichenwald, Jennifer Fox, Gregory Jacobs, Michael Jaffe
Guión: Scott C. Burns, basado en la novela “The Informant”, de Kurt Eichenwald
Productores Ejecutivos: George Clooney, Michael London, Jeff Skoll
Música: Marvin Hamlisch
Fotografía: Steven Soderbergh (alias Peter Andrews)
Montaje: Stephen Mirrione
Vestuario: Shoshana Rubin
Diseño de Producción: Doug J. Meerdink

Intérpretes Principales: Matt Damon (Mark Whitacre), Scott Bakula (Agente Brian Shepard), Melanie Lynskey (Ginger Whitacre), Joel McHale (Agente Robert Herndon), Clancy Brown (Aubrey Daniel, abogado de ADM), Thomas F. Wilson (Mark Cheviron), Tom Papa (Mick Andreas), Scott Adsit (Sid Hulse)

Enlace IMDb

Llámenme raro, pero a mí me gusta mucho más el Soderbergh de películas mainstream que el “experimentador”. Contar con estrellas, amplios presupuestos y guiones más dinámicos ha acabado resultando para él un ambiente en el que se mueve mucho mejor y que le permite realizar películas atractivas al espectador pero, al mismo tiempo, llenar las historias de pliegues y aristas que evitan que se conviertan en simples entretenimientos.

Un ejemplo de esto podría ser “¡El soplón!”, film que cuenta la historia real de Mark Whitacre (Matt Damon, en uno de sus mejores trabajos), ingeniero y ejecutivo de una multinacional agrícola que decide denunciar una trama de fijación de precios en el mercado, en la que él mismo estaría involucrado. A partir de ahí comienza una colaboración activa con el FBI para destapar legalmente el chanchullo, que incluirá espiar a sus propios colegas del consejo. Pero el propio Whitacre se guarda ciertos secretos para sí mismo; por ejemplo, que tiene una tendencia compulsiva a mentir como un bellaco.

La película, narrada casi exclusivamente desde el punto de vista del protagonista, descarga por ello todas sus cualidades —buenas y malas— sobre Matt Damon, transmutado en nervioso bigotón para este papel y que borda el histrión dentro de sus posibilidades; realmente es complicado para el espectador saber cuándo está mintiendo y cuándo dice la verdad, y ese efecto se transmite a sus compañeros de reparto, una lista de buenos secundarios que Soderbergh recupera sobre todo de la televisión (Melanie Lynskey, de Two and a Half Men o Scott Bakula, de Enterprise y Quantum Leap), pero también del cine, con un par de guiños en las personas de Clancy (Highlander) Brown y Thomas F. (Back To The Future) Wilson. Un par de anecdotazos propios de un cineasta de su edad, pero igualmente efectivos. Nadie se sale de madre en esta película y Damon puede brillar como Whitacre durante el lustro largo en el que se desarrolla su periplo como informante.

Por demás, la historia, aparentemente insulsa, resulta en realidad un estimulante juego de espías, pero muy de andar por casa. No la definiría como un thriller en sentido estricto, porque realmente no lo es aunque contenga elementos de este género. Y tampoco es una película “de las de tribunales”, al estilo de Erin Brockovich (2000), del mismo director, ya que en realidad no es la persecución a la multinacional el objeto de estudio. Soderbergh ha preferido aquí concentrarse en Whitacre y su, digamos, “complicado” sentido de la realidad: no es héroe ni villano, simplemente un hombre de gran capacidad intelectual y de un instinto de supervivencia equiparable a su intelecto. Muy de pasada, en algún momento de la película se menciona un trastorno bipolar que le afectaría seriamente, aunque también se deja caer en un momento en el que ya no sabemos si ello es cierto o si simplemente lo utiliza como mecanismo de defensa para ocultar sus mentiras, diluidas con la verdad ya de forma inseparable.

De la comedia capriana al melodrama ligero —Mr. Deeds convirtiéndose en Juan Nadie—, Soderbergh ha preferido huir de la penumbra en este asunto y darle un tono rápido, quizás frívolo, a una cuestión que es ciertamente dramática, sobre todo para su protagonista real. El acierto de elegir a Damon, un actor que hace tiempo que se ha descubierto como mucho más versátil de lo que su cara de chuleta propone, aporta el tono fresco que necesita la historia para aceptar el macguffin de la persecución al poderoso. “The Informant!” contiene, seguramente, el punto de viveza que le faltó a “Atrápame Si Puedes” (Catch me if you can, 2002, Steven Spielberg) una película de similar concepto, aunque más larga y con más altibajos. Soderbergh aquí se luce mucho más.

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