Lenny

Lenny“, USA 1974, United Artists

Director: Bob Fosse
Productor: Marvin Worth
Guión: Julian Barry, basado en su propia obra teatral
Productor Ejecutivo: David Picker
Música: Ralph Burns
Fotografía: Bruce Surtees
Montaje: Alan Heim
Vestuario: Albert Wolsky
Diseño de Producción: Joel Schiller
Intérpretes Principales: Dustin Hoffman (Lenny Bruce), Valerie Perrine (Honey Bruce), Jan Miner (Sally Marr), Stanley Beck (Artie Silver), Rashel Novikoff (Tía Mema), Gary Morton (Sherman Hart), Bob Fosse (Entrevistador (voz))

Enlace IMDb

Leonard Alfred Schneider, más conocido como Lenny Bruce, fue seguramente uno de los más grandes cómicos norteamericanos, elevado a la categoría de mito después de su prematura muerte a pesar de que en vida su tipo de humor destructivo, irreverente y deslenguado, le causó graves problemas con las autoridades, procesos judiciales e incluso la cárcel. Sin embargo, Lenny renovó el monólogo de comedia hasta el punto de generar un modelo de provocación y violencia verbal que se ha convertido en modelo de prácticamente cualquier humorista moderno que quiera subir el listón más allá de lo blanco. Por esta razón, gran número de monologuistas estadounidenses (y cómicos de todo tipo, en general) sienten, y así lo expresan, que tienen una deuda permanente con el malogrado showman, a quien otorgan reconocimiento siempre que tienen la oportunidad.

El director Bob Fosse, que había recibido un Óscar por “Cabaret” (1972) dos años antes, se hizo cargo de la biografía de tan controvertido personaje en un sencillo y, sin embargo, extraordinario film, en el que puso la dura tarea de encarnar al cómico a una de las jóvenes estrellas del momento: Dustin Hoffman. El actor, que ya había cosechado loas de todo tipo por sus papeles en “El Graduado” (The Graduate,1967, Mike Nichols), “Cowboy de Medianoche” (Midnight Cowboy, 1969, John Schlesinger) o “Papillon” (1973, Franklin J. Schaffner), tenía una difícil misión, pues ya era una cara suficientemente conocida como para pretender meterse en la piel de otra persona que ya era casi una institución en EEUU y que había fallecido tan sólo hacía diez años. Además, en un drama brutal a pesar de ser la historia de un cómico, donde el peso de la cinta descansaría inevitablemente sobre sus espaldas.

El desafío fue aceptado y el resultado es esta magnífica película rodada en blanco y negro, con abundancia de primeros planos y una historia en la que se entrelazan flashbacks y flashforwards con saltos bruscos entre ellos, sin transiciones para dar tregua al espectador, pero perfectamente montados de manera que no se pierda. Al frente de todo, la impresionante labor de Hoffman que, si bien empieza como él mismo (es muy difícil abstraerse al principio de la estrella para identificarlo con su papel), según avanza el film se transmuta en Lenny. Hoffman ES Lenny Bruce. Aclaremos esto: yo nunca he visto ni oído a Bruce, así que realmente no sé si el retrato que el actor elabora es aproximado a la realidad. Pero a quien está moviéndose y gesticulando por la mañana ES la impresión que tendría del auténtico Lenny.

Apuntalando el trabajo de Hoffman tenemos a una apetecible Valerie Perrine en el papel de su mujer, Honey, stripper que se enamora del cómico al principio de la narración y cuyo relato comienza la reconstrucción de la vida de Lenny, con ocasionales saltos a su amigo y agente, Artie Silver (Stanley Beck). Perrine compone un personaje igualmente complejo, de aparente fuerza frente a la inseguridad de su compañero, que pronto se diluye en un mar de drogas arrojándola al abismo y a la separación de su familia. Honey será el hilo conductor de la historia, relatando la vida de Bruce a un desconocido sin rostro (¿un policía, un periodista, un psiquiatra?), suponemos que varios años después de la tragedia. El trabajo de Perrine, sin tener un peso comparable al de Hoffman, lo complementa a la perfección.

Porque sí, “Lenny” es una tragedia sobre una persona autodestructiva, aunque se trate de la vida de alguien que se dedicaba a hacer reír. Es la versión feísima e hiperrealista del mito del payaso triste, que con Chaplin era glamouroso e irreal, y que Lenny transformó en un puñetazo en la boca de los sueños.

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