Las Aventuras de Tintin: El Secreto del Unicornio

The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn“, USA 2011, Paramount Pictures / Columbia Pictures / Amblin Entertainment / Wingnut Films

Director: Steven Spielberg
Productores: Peter Jackson, Steven Spielberg, Kathleen Kennedy
Guión: Steven Moffat, Edgar Wright, Joe Cornish, basado en los tebeos de Hergé
Productores Ejecutivos: Ken Kamins, Nick Rodwell, Stephane Sperry
Música: John Williams
Fotografía: Janusz Kaminski
Montaje: Michael Kahn
Vestuario: Lesley Burkes-Harding (efectos visuales)

Intérpretes Principales: Jamie Bell (Tintin), Andy Serkis (Haddock), Daniel Craig (Ivanovich Sakharine), Simon Pegg (Thompson), Nick Frost (Thomson), Daniel Mays (Allan), Kim Stengel (Bianca Castafiore)

Enlace IMDb

Quienes conocen al que se sienta tras esta Remington llena de polvo saben que durante todo el proceso de preproducción e incluso al salir el teaser de esta película estuve echando pestes sobre la “necesidad” de hacer otro film sobre Tintin. Ya existían, aparte de los cómics, una serie de dibujos bastante fiel a éstos y el par de intentos de hacer una película en imagen real (que era la primera idea que se le había ocurrido a Spielberg) habían resultado, como mínimo, bastante horteras. Al final don Esteban se ajunta con Peter Jackson, deciden rodar la historia usando la técnica del motion capture (animación extraída del movimiento de los actores), adaptar uno de los tebeos más célebres del periodista belga y acabar filmando la que es una de las películas más endiabladamente entretenidas de lo que llevamos de siglo. En suma, que aquí el señor Gillis se la tiene que envainar y pedirles a ustedes que vayan a verla.

Las reacciones ante esta película, sin ser unánimes, han ido en su mayoría en la misma dirección: esto es lo que debería haber sido Indiana Jones 4. Y quizá sea la descripción más acertada, lo que me lleva a preguntarme por qué Spielberg no ha rodado con más frecuencia películas de aventuras, en las que siempre se permite más libertades con la cámara —y con el guión— que en sus historias más cerebrales. Aquí ya partía de un buen material y lo puso en manos del guionista de moda, Steven Moffat, quien con su particular visión de personajes como el Doctor Who y Sherlock Holmes ya había demostrado su poca vergüenza (en el sentido más positivo de la expresión) a la hora de trasladar textos archiconocidos a la pantalla sin miedo de que el purista de los originales le cosa a flechazos. Y partiendo de ahí, Spielberg mete casi dos horas de acción, intriga, persecuciones (¡buenas persecuciones, que hace tiempo que no las veía!) y mucho humor, algo que se echaba de menos en sus últimas obras. Además explota todas las posibilidades que le ofrece el hecho de tratarse de un film animado: puede desatarse creando escenarios y movimientos inverosímiles de la cámara y de los personajes y que aparezcan creíbles ante el espectador… casi todos; no vayamos a exagerar con el entusiasmo.

Fíjense si me la he tenido que envainar, que incluso afirmaría que esta película gustará mucho a los amantes de la obra de Hergé, que podrán encontrar guiños a diestro y siniestro desde el mismo principio de la cinta. Spielberg, tras acordarlo con los propietarios de los derechos de Tintin (quienes mantienen un férreo control sobre todo lo que se hace con el personaje), consiguió modificar ligeramente el argumento para que el protagonista y el capitán Haddock se conozcan al principio, de la forma que se describe en “El Cangrejo de las Pinzas de Oro”. Ambas historias se intercalan perfectamente y los obligados cambios que hay que hacer en el reparto —que se desvían igualmente del cómic— ni siquiera molestan: otro punto de set para el director.

Oiga, y algún fallo tendrá, ¿no? Bueno, pues alguno tiene, claro, pero la gracia es que no me han importado mucho. La secuencia del abordaje del “Unicornio”, por ejemplo, con esos dos barcos que parecen animales mitológicos (el movimiento me recordó mucho a los animatronics de Parque Jurásico) y donde la la inverosimilitud cruza la línea de la incredulidad demasiadas veces. O el mini-momento moralizante entre Tintin y Haddock, estilo padre-hijo, tan caro al director norteamericano y que le cuesta obviar en cada película que hace. Por suerte dura poco y no rompe el ritmo; en pocos segundos estamos otra vez metidos en el frenesí aventurero. Y, si nos ponemos estupendos, la banda sonora de John Williams, por quien Gillis siente una devoción que no admite fronteras, pero que sin poder evitarlo me trae otra de mis preguntas absurdas a la cabeza: ¿Tan difícil o tan caro hubiese sido incluir al menos este tema, aunque fuera adaptándolo?

Y es que es muy complicado disociar a un personaje de dos dimensiones de la idea que un lector/espectador tiene cuando se sabe los tebeos de memoria y cuando la música que oye en su imaginación al final no se encuentra en la versión —si me permiten la licencia— “de carne y hueso”. Aun así, quien esto escribe no se ha podido resistir a la fuerza de este film, sin duda de los mejores de Steven Spielberg y que recupera ese cine de acción de los años cincuenta y sesenta pero con medios que los directores de aquella época ni siquiera soñaron. El resultado tiene el empuje de una locomotora de miles de caballos. O quizá deberíamos decir: de mil millones de millones de bachi-bozouks.


PS: Me preguntan si hay que verla en 2D o en 3D. Yo fui directamente a verla en tridimensional y, de hecho, es la primera película que he visto en este formato. Mi respuesta es que sí, que merece la pena pagar el extra: la cinta gana mucho en espectacularidad y está rodada de forma que no se abusa —más bien lo contrario— del efecto “tartazo en la cara”, también conocido como “tenemos una cámara 3D y te lo vamos a poner todo en las narices”. Dicho esto, creo que en 2D tampoco van a sentirse decepcionados.

Comentarios
  1. Barbra Streisand : 12.11.11

    Spielberg ha perdido su olfato cinematográfico, pues no me explico cómo ha dejado pasar la oportunidad de contar con Daniel Craig y la técnica 3D sin ofrecernos unas de las mas maravillosas imágenes del 7º arte

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