The Artist

The Artist“, Francia/Bélgica 2011, La Petite Reine/La Classe Americaine/JD Prod/France 3 Cinéma/Jouror Productions/uFilm

Dirección y Guión: Michel Hazanavicius
Productores: Thomas Langmann, Emmanuel Montamat
Productores Ejecutivos: Antoine de Cazotte, Daniel Delume, Richard Middleton
Música: Ludovic Bource
Fotografía: Guillaume Schiffman
Montaje: Anne-Sophie Bion, Michel Hazanavicius
Vestuario: Mark Bridges
Dirección Artística: Gregory S. Hooper
Decorados: Austin Buchinsky, Robert Gould

Intérpretes Principales: Jean Dujardin (George Valentin), Bérénice Bejo (Peppy Miller), John Goodman (Al Zimmer), James Cromwell (Clifton), Penelope Ann Miller (Doris), Missy Pyle (Constance)

Enlace IMDb

Nominada a 10 Oscars: Película, Director, Actor (Jean Dujardin), Actriz de Reparto (Bérénice Bejo), Guión Original, Música Original, Fotografía, Vestuario, Montaje y Dirección Artística/Decorados.

Esa sonrisa del galán que te atrapa, contagiosa, llena de vida, que exhala vida. La del protagonista de tus sueños, la que quieres emular pensando que te vas a comer el mundo al mismo ritmo que él. La de esa mezcla de Douglas Fairbanks y John Barrymore, esplendorosa e irresistible, la que te hace amar un personaje, querer meterte en su piel y ser tú el que al final conquiste a la chica. La que te hace mover los pies al ritmo de la acción y explotar en aplausos cuando el “The End” aparece en la pantalla.

La sonrisa de Jean Dujardin, dueño absoluto de la pantalla en el film de Michel Hazanavicius, tiene ese algo que te atrapa desde el primer plano, a partir del cuál el espectador va a acompañarle en su cénit como estrella del cine mudo, donde todo son aplausos y risas y se deja querer por su público, entregado, al final del estreno. Y por eso cuando la comedia abre camino al drama, como en la vida, todos van abandonando al que hasta entonces les regalaba su ración de sueños. Todos menos el que le mira, a su blanco y negro, desde los colores del lado opuesto de la pantalla. Éste permanece con él, fiel en sus desgracias, sufriendo con él abandonos y olvidos y confiando en que, como en sus películas, surja ese giro inesperado que devuelva al héroe al frente del escenario, adonde pertenece, para recibir su ovación desatada.

Y no es una metáfora de la vida, ni un cuento de hadas, ni un ensayo general sobre cine dentro del cine…

¡Es el melodrama!

Reír, llorar, sufrir, emocionarte, no despegar la vista de la pantalla, enamorarte de Bérénice Bejo, pero no para ti, sino para él (que eres tú). Saber casi lo que va a pasar en cada momento porque esa historia ya te la han contado tantas veces, pero te da igual porque vas al cine a eso, a que te la cuenten de nuevo. A maquinar preventivamente un plan de venganza por si el director no te da lo que has venido a buscar. A disfrutar con la orquesta (porque ahí está la orquesta, aunque no la veas) cuando se hace sinfónica en los momentos más graves pero se vuelve juguetona para reírse contigo. Y a estallar por dentro de alegría cada vez que tu héroe, aunque sea fugazmente recupera esa sonrisa.

Es la película que has ido a ver, y es la que quieres ver de nuevo cuando sales del cine. Aunque ya te la sepas.

(Post scriptum: observarán que no he hecho ningún comentario sobre el hecho de que sea una película muda y en blanco y negro. Ni falta que hace.)

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