Rush

Rush“, USA 2013, Universal Pictures

Director: Ron Howard
Productores: Andrew Eaton, Eric Fellner, Brian Grazer, Ron Howard, Peter Morgan, Brian Oliver
Guión: Peter Morgan
Productores Ejecutivos: Tobin Armbrust, Todd Hallowell, Tyler Thompson
Música: Hans Zimmer
Fotografía: Anthony Dod Mantle
Montaje: Daniel P. Hanley, Mike Hill
Vestuario: Julian Day
Diseño de Producción: Mark Digby
Intérpretes Principales: Chris Hemsworth (James Hunt), Daniel Brühl (Niki Lauda), Olivia Wilde (Suzy Miller), Alexandra Maria Lara (Marlene Lauda), Pierfrancesco Favino (Clay Regazzoni), Stephen Magan (Alastair Caldwell). Alistair Petrie (Stirling Moss)

Enlace IMDb

Veamos: Cocoon, Willow, Splash, Detrás de la Noticia, Llamaradas, Apolo 13, Frost/Nixon… Todas ellas tienen detrás a los mismos nombres: Brian Grazer como productor y Ron Howard en la dirección. El director estadounidense, antigua estrella infantil y posterior protegido de George Lucas, ha sabido labrarse una sólida carrera con proyectos muy eficientes, que funcionan en taquilla y mantienen unos mínimos de calidad y entretenimiento. El tándem que forma desde hace décadas junto a Grazer, ese productor con aspecto de hippy loco pero con un acierto casi impecable de lo que un espectador quiere ver en la pantalla, ha dado incluso filmes multipremiados, a partir de temáticas no demasiado originales, pero sí muy bien planteadas. El secreto, quizá, está en que Howard conoce muy bien las teclas de la épica y sabe cuándo tocarlas, de manera que es capaz de colocarte en cada película tres o cuatro escenas cargadas de emoción y construirte el camino hacia ellas con mucha seguridad.

Es el caso de su estreno más reciente, Rush. Es interesante que en un país como Estados Unidos, con una pasión tan grande por los vehículos a motor y repleto de competiciones deportivas de todo estilo, la Fórmula Uno no sea el evento deportivo que más expectación despierta, probablemente porque requiere otros factores técnicos y estratégicos más allá de la punta de velocidad y en muchos casos puede resultar aburrida para el espectador. Sin embargo, es indudable que la historia de la F1 está repleta de momentos memorables, de rivalidades enconadas y de un trasfondo más propio de un culebrón que de un deporte profesional. Ahí había material y Howard lo sabía; el duelo escogido fue el que protagonizaron el británico James Hunt y el austriaco Niki Lauda durante la década de los 70. El momento épico, la temporada de 1976, con el terrible accidente de Lauda que le dejó desfigurada la cara y su retorno tras apenas seis semanas para intentar defender su título hasta la última carrera. Peter Morgan, guionista aquí y que ya lo fue con Howard en una obra anterior, Frost/Nixon, emplea aquí una estructura muy parecida para contar este nuevo tété a tété entre dos caracteres que colisionan, en alguna ocasión literalmente.

Tomándose apenas las necesarias licencias artísticas para ciertos nexos de la historia, Howard acelera el ritmo del film cuando conviene, deteniéndose en puntos concretos de la vida de sus protagonistas y empleando elipsis continuamente para enlazar los puntos álgidos de la competición entre ambos hasta los momentos clave de Nürburgring y Japón, donde sí se centra en las propias carreras, utilizando el viejo truco (no por viejo malo) de resumir la interminable sucesión de vueltas en un continuo mar de adelantamientos para activar la emoción en el espectador del modo más simple posible. Una vez más, las teclas de la épica. Y funciona. Como funciona también la narración intercalada de las vicisitudes (monetarias, sentimentales, deportivas) de Lauda y de Hunt el fondo del film recorre la intensa rivalidad entre ambos pilotos, trazando sus carreras en paralelo y sus estilos de vida diametralmente opuestos (Hunt, alegre, social, fiestero e inconsciente frente a Lauda, metódico, cerebral y profundamente antipático), así como la construcción del respeto y admiración mutuos, aunque nunca llegasen a ser amigos. En una elección de reparto acertadísima y a la vez complicada, pues estaba claro que la película iba a girar sobre ellos (en cada escena sale por lo menos uno de los dos), se escogió a Chris Hemsworth para Hunt, en un papel que perfectamente podría haber hecho Brad Pitt hace dos décadas1 y a Daniel Brühl para interpretar a Lauda, para mi gusto mucho más complicado y del que el actor alemán sale con sobresaliente en una actuación que atrapa la incomodidad del personaje y sus escasas habilidades sociales, reflejando además el genio que le hizo ganar tres Campeonatos del Mundo. Si les digo que, con todo, son las escenas con Brühl las que más me enganchan de la película y que se echa de menos su presencia cuando la cámara se centra en Hunt, que a priori es el principal del film, comprenderán lo mucho que me ha impresionado.

Ignorada en los Oscar de próxima entrega, imagino que por el nivel que parece que hay este año, Rush podría, sin embargo, haber estado entre los finalistas sin ningún problema, ya que contiene todos los elementos que convierten a un film en premiable sin demasiado esfuerzo. Es otra característica propia de las películas de Ron Howard, que pueden adaptarse a muchos tipos de público aunque la historia no parezca, de entrada, atractiva para quienes no son fans de la temática concreta. Sin embargo Howard consiguió llevar a gente a las salas a ver una película sobre un matemático, o sobre unos bomberos, o sobre un periodista que entrevista a un presidente jubilado, o sobre unos astronautas a los que se les salta el capó del vehículo… Así que incluso si no les gustan las carreras de coches, o si son de esos que odian explícitamente la Fórmula Uno, fíense de Joe Gillis y gocen de una bonita historia en la que, casi por casualidad, salen algunos coches corriendo. ¿O no les gusta la épica, acaso?

1 Hubo muchos momentos en que, realmente, me recordó al Brad Pitt de Thelma & Louise o de El Club de la Lucha, por ejemplo.

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