Stockholm

Stockholm, España 2013, Caballo Films.
Dirección: Rodrigo Sorogoyen
Productores Ejecutivos: Borja Soler, Eduardo Villanueva, Alberto del Campo y Rodrigo Sorogoyen
Guión: Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen
Fotografía: Alejandro de Pablo
Montaje: Alberto del Campo
Dirección Artística: Juan Divassón
Vestuario: Lorena Puerto
Maquillaje/Peluquería: Lucía Pando

Intérpretes: Javier Pereira (Él), Aura Garrido (Ella)

Enlace a la web de la película
Ganadora de un premio Goya al mejor actor revelación, Javier Pereira

AVISO: Posibles spoilers

Con un punto de partida engañoso (una aparente comedia ambientada en ese típico Madrid nocturno plagado de universitarios con anhelo de evadirse), esta película de Rodrigo Sorogoyen se va desbastando de personajes y artificios hasta quedar en un sólo escenario donde se desata un duelo interpretativo entre dos jovencísimos actores, Aura Garrido y Javier Pereira, que gradualmente se van intercambiando personalidades mientras se esfuerzan por compaginar una lucha interna constante con una demostración de dominio de la voluntad propia sobre la del contrario.

Con una puesta en escena simplicísima que alcanza destellos de irrealidad, Sorogoyen consigue que el espectador centre su mirada en los personajes, oscilando entre sus puntos de vista de manera tan voluble como los propios caracteres demuestran. Tal es su habilidad de hacernos caer en las trampas tendidas por ambos jóvenes que el drama se transforma en suspense y los momentos en los que parece que se libera la tensión también son de alivio para quienes los presenciamos, aunque ya estemos puestos en guardia sobre lo que puede causarnos un shock en el minuto siguiente. Es por eso que el final deja bastante frío; hay un momento en que se ve venir y, cuando viene, decepciona por obvio y por precipitado. Como si los guionistas no hubiesen tenido claro cómo rematar la historia. No deprecia nada de lo anterior, desde luego; la buena sensación que dejan los ochenta y nueve minutos restantes no se pierde por ese detalle, pero da un poco de rabia no haber presenciado una obra redonda, cuando podría haberlo sido.

Nada de lo anterior sería posible sin la prodigiosa interpretación de Garrido y Pereira. Mejor ella que él, en la opinión de este cronista, porque aunque él se salga en su papel casi “roblowiano” de los ochenta, ella sencillamente está inmensa en todo el abanico de facetas que le toca representar. Si algún productor avispado anda cerca, no tardaremos en ver la transformación de este guión en obra de teatro para lucimiento de actores de la nueva hornada; la referencia de estos dos va a ser, sin duda alguna, el límite a batir. Stockholm es un producto hecho con el dinero necesario y el cuidado suficiente como para que entre en nuestra guía de películas favoritas del año y, ojalá, en la inspiración de otros nuevos directores.

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