12 años de esclavitud

12 Years A Slave“, USA 2013, 20th Century Fox / Regency Enterprises / River Road Entertainment

Director: Steve McQueen
Productores: Dede Gardner, Anthony Katagas, Jeremy Kleiner, Steve McQueen, Arnon Milchan, Brad Pitt, Bill Pohlad
Guión: John Ridley, basado en “Twelve Years A Slave” de Solomon Northup
Productores Ejecutivos: John Ridley, Tessa Ross, Bianca Stigter
Música: Hans Zimmer
Fotografía: Sean Bobbitt
Montaje: Joe Walker
Vestuario: Patricia Norris
Diseño de Producción: Adam Stockhausen
Intérpretes Principales: Chiwetel Ejiofor (Solomon Northup, “Platt”), Michael Fassbender (Edwin Epps), Lupita Nyong’o (Patsey), Benedict Cumberbatch (William Ford), Sarah Paulson (Mrs. Epps), Paul Dano (Tibeats), Adepero Oduye (Eliza), Paul Giamatti (Freeman), Kelsey Scott (Anne Northup)

Enlace IMDb

Dentro de la incontable obra literaria, histórica y artística referida al período esclavista en los Estados Unidos, ha sido paradójicamente un británico, Steve McQueen, el encargado de filmar la, hasta ahora, única película ganadora de un Oscar que trata directamente el tema desde el punto de vista del esclavo.

Basada en el relato autobiográfico de Solomon Northup, un negro libre residente en Saratoga (Nueva York), la historia narra su secuestro mediante engaños por dos individuos sin escrúpulos en Washington D.C., para ser vendido como esclavo en el mercado de Nueva Orléans. Advertido de que no debe mencionar su pasado como hombre libre en el Norte si pretende seguir vivo, Northup, ahora llamado simplemente Platt por sus negreros, permanecerá durante doce años al servicio, primero, del aristócrata William Ford y después del cruel algodonero Edwin Epps. A lo largo de la historia, Solomon experimentará la progresiva degradación física y espiritual que conlleva la condición de esclavo, reflejada no sólo en la violencia ejercida sobre él y otros de su raza, sino también en su propia actitud, tendente a la autodefensa pasiva y la ignorancia consciente de lo que sucede alrededor, en beneficio de su propia supervivencia. El film de McQueen toca con dureza este último aspecto en varias de sus escenas, donde observamos cómo azotan a algunos esclavos mientras el resto del grupo sigue ejerciendo sus labores, evitando siquiera mirar lo que a su alrededor sucede o, en una secuencia concreta, incluso con niños jugando al fondo del plano mientras que en primera línea aparece Northup colgado de un árbol tras una pelea con el capataz de la plantación. El propio Solomon, al principio más proclive a defenderse a él y a los suyos, no tardará en abandonar esa postura por otra de sumisión, aun forzada pero para él necesaria.

Formal y visualmente la película es magnífica: McQueen consigue rodar una obra épica al estilo de las de David Lean, empleando magistralmente los planos fijos y sostenidos, ya sea sobre un paisaje o sobre el rostro del protagonista, y sacrificando en muchas ocasiones los diálogos o dejándolos simplemente en off para favorecer la expresividad de la imagen. Para incidir aún más en ello, la música está reducida al mínimo —y mira que tuvo que ser complicado contener al últimamente muy estruendoso Hans Zimmer— dejando al sonido de ambiente establecer el tono de cada plano. Por desgracia se lastra en parte con un guión y diálogos algo flojos, resolviendo algunas situaciones muy torpemente —como la cesión de Solomon a Epps por parte de su antiguo amo Ford— o bien sin resolverlas en absoluto. Resulta difícil de creer, tal y como está contado en la película, que Northup se lleve en un momento dado cien latigazos por listillo, pero en la escena siguiente, haciendo casi lo mismo, el amo no le toca ni un pelo. O cómo se teje la relación entre Solomon y Patsey, poco convincente en la secuencia del té en la casa de Shaw. La paradoja es que ese comportamiento aparentemente errático de Epps contribuye a la atmósfera agobiante de la película y ayuda a mantener la tensión en el espectador.

Aunque la construcción de los personajes, si exceptuamos al principal, tiene sus lagunas, las interpretaciones les dan más que suficiente dimensión. Chiwetel Ejiofor está inmenso como Solomon Northup a pesar del culebronero final y cumple con creces el difícil papel de estar en prácticamente cada plano de la película que no sea un paisaje. Michael Fassbender ejerce adecuadamente de histrión en el papel del amo Epps y su presencia majestuosa es indiscutible, aunque lo exagerado del propio personaje tampoco requiera más esfuerzo. Y Lupita Nyong’o, irregular en sus primeras escenas, se viene arriba en la de los latigazos, en una interpretación que a Gillis le puso los pelos de punta.

Confieso que no tenía demasiadas expectativas en este film, especialmente por su duración, pero me he encontrado con una superproducción de corte clásico que, a pesar de sus altibajos, se deja ver bien de principio a fin y termina haciéndose corta, en parte también por la brusquedad de su resolución. Tiene momentos de gran impacto sin necesidad de recurrir a lo explícito —el mejor en mi opinión, cuando Solomon se despierta para encontrarse cargado de cadenas dentro de una celda; simple y terrorífico con apenas un par de planos— y excepto en un caso no se recrea en la violencia, aunque tampoco deja de lado la crudeza de ser un esclavo. Y es que no puede evitar las restricciones propias de los estudios de Hollywood, pero las bordea cuando puede con eficiencia. No busquen aquí innovación o rebeldía, no las hay; pero eso no quita que Steve McQueen haya hecho con esta historia una buena película.

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