Silk

Silk“, GB 2011-2014, BBC

Creador: Peter Moffat
Productores: Cameron Roach, Richard Stokes, Matt Strevens
Guión: Peter Moffat y otros
Productores Ejecutivos: Hilary Salmon, Peter Moffat
Música: Dru Masters
Fotografía: Dale McCready, Suzie Lavelle y otros
Montaje: Dominic Strevens, Ian Farr y otros
Vestuario: Diana Moseley
Diseño de Producción: James Lewis, Melanie Allen, Ed Turner
Intérpretes Principales: Maxine Peake (Martha Costello), Rupert Penry-Jones (Clive Reader), Neil Stuke (Billy Lamb), John Macmillan (John Bright), Alex Jennings(Alan Cowdrey, QC), Theo Barklem-Biggs (Jake Milner), Frances Barber (Caroline Warwick, QC), Philip Davis (Micky Joy), Tom Hughes (Nick Slade), Natalie Dormer (Niamh Cranitch), Indira Varma (George Duggan), Paul Hilton (Gary Rush), Reece Noi (Mark Draper), Nina Sosanya (Kate Brockman)

Enlace IMDb

Silk es una creación de Peter Moffat para la BBC que sigue las vidas de un bufete de abogados londinense, Shoe Lane Chambers. Aunque se trata fundamentalmente de un drama judicial al uso, con su componente de investigación y deducción en los casos que se dirimen en la Old Bailey, el punto fuerte de la serie está en lo que sucede dentro de los despachos del bufete, con las intrigas palaciegas propias de una empresa que tiene que esforzarse para sobrevivir económicamente y en la que hay distintos puntos de vista sobre cómo conseguirlo.

Tres son los protagonistas principales y los ejes de casi todas las tramas desarrolladas en las tres temporadas de esta obra (en el momento de escribir esta reseña, sólo dos están disponibles en Filmin, por lo que me referiré exclusivamente a ellas). Maxine Peake es Martha Costello, la abogada estrella del bufete y, por ello, la más solicitada en los casos complicados, que suelen ser aquellos donde es necesario librar a un criminal legalmente de su justo castigo. Aunque no siempre sea ésta la situación a la que Martha tiene que enfrentarse, sí que atraviesa constantes dilemas morales durante y tras la resolución de cada juicio. En sus propias palabras, no se trata solamente de si el acusado es culpable o no, sino si la forma de determinarlo se hace a través de un juicio justo. Aunque a veces a ella misma le cueste vivir aceptando su propia directriz. Martha está compitiendo para obtener “la seda” que da título a la serie y que se refiere al cargo de Consejera de la Reina (abogada del Estado) y cada caso que gane cuenta para conseguir dicho mérito.

Rupert Penry-Jones es Clive Reader, un brillante litigador al que se requiere particularmente a la hora de ejercer la acusación en un tribunal. Es competidor directo de Martha para obtener la seda y posee una personalidad mucho menos estricta que ella en lo referente a las cuestiones morales. Ello no le impedirá, no obstante, tener sus disquisiciones internas en cuanto a la idoneidad de un método para conseguir un resultado, a pesar de todo, justo. Pero al ser también más irreflexivo su posición se encontrará en la cuerda floja en más de una ocasión.

El tercer gran protagonista es Neil Stuke, que interpreta a Billy Lamb, secretario sénior del bufete, encargado de repartir los juicios a los abogados y de negociar con los procuradores para que encarguen casos a la empresa, no siempre con procedimientos éticos. Esto se sabe y se le consiente, puesto que el beneficio que el bufete consigue con ello supera la discusión sobre si lo hace correctamente. Billy (personaje que me recuerda a ratos a Richard Channing, pero con acento de Kent) conoce y maneja el poder que se le confiere y tiene una capacidad de persuasión considerable para conseguir lo que se propone, principalmente que los abogados de Shoe Lane acepten casos difíciles. Pero su fuerte carácter también le granjea enemigos dentro del propio bufete.

Si bien la serie posee en los juicios tramas autoconclusivas, varias historias transcurren hilando unos capítulos con otros hasta conformar subtramas que dan sentido a cada temporada de seis episodios. En la primera de ellas es precisamente la consecución de la seda la que subyace tras las disputas internas entre Clive y Martha, además de la competición entre los pasantes asignados a éstos, Niamh Cranitch (Natalie Dormer) y Nick Slade (Tom Hughes), que inconscientemente sirven de instrumentos de zancadilleo entre los dos abogados. En la segunda serán la defensa de un traficante de drogas y la negociación con un procurador de moral dudosa los hilvanes para mantener la continuidad dramática. En ambas temporadas, la relación personal entre los tres protagonistas, y entre ellos con algún secundario, es la que aporta la humanidad a los retratos de toga y peluca. Pero además suscita mucho interés comprobar cómo funciona el sistema judicial británico, en el que dos abogados del mismo bufete pueden representar a partes contrarias en un juicio y donde ni siquiera —al menos bajo la perspectiva de la serie— se plantean que pueda haber conflictos de intereses. Chocante para quienes desconocemos esto, pero fascinante a la vez.

La narrativa tiene una estructura sólida y bien fundamentada, más en la segunda temporada que en la primera, donde ciertas ramificaciones de las tramas se descubren enseguida con poco recorrido y son fulminantemente desechadas al terminar el sexto capítulo, sin mencionarse apenas —o nada en absoluto— una vez comienza la siguiente serie. En cualquier caso el armazón nunca se resiente y los guiones te dejan sano y salvo en el último capítulo de cada temporada, cerrando todo lo cerrable y con una honestidad absoluta en las resoluciones. No se descubre la pólvora, ojo, y las historias judiciales son, hasta cierto punto, bastante típicas. Por ello es necesario localizar la fuerza de la serie en el extraordinario trabajo de sus protagonistas, en particular Maxine Peake, que en su composición de Martha Costello define sencillamente la brillantez en la interpretación, con un personaje de intensa presencia y fortaleza que, sin embargo, ni es histrión ni exagerado. En el rostro de Peake, sobre todo en el estrado de los abogados de Old Bailey, hay toda una lección de cómo moverse, cómo hablar y cómo gestualizar ante una cámara. Tanto Penry-Jones como Stuke la flanquean con sobrada solvencia, aunque sin alcanzarla. En una serie de este tipo, donde la afectación inherente a los caracteres corre el riesgo de hacerse risible, el elenco, principales y secundarios, está tan bien encajado en sus papeles que parece que hayan estado subidos al banquillo de los acusados o trabajando en Shoe Lane Chambers durante toda su vida. Aunque estar toda la vida subido al banquillo sea una forma de vivir un tanto pintoresca. Y, si quisiéramos encontrarle algún otro defecto, podríamos decir que con menos música machacona de fondo la serie mantendría la misma tensión sin tener que estar cambiando el volumen de la tele cada dos por tres.

Si les gustan los dramas judiciales con acento chasqueante, no lo duden: Silk es de las buenas, y además es tan corta que se hace todavía más corta. Cosas de la BBC, claro.

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