Mis tres telecomedias de los 90 (II): Frasier (1993-2014)

Cuando en Antena 3 comenzaron a emitir, a horas intempestivas, este spin-off de Cheers, recuerdo que me pregunté por qué alguien querría ver una serie sobre uno de los personajes más insoportables de su predecesora. Y bueno, uno es joven y piensa muchas tonterías. Tiempo después Canal Plus decidió ponerla en su franja de prime-time, y ahí fue cuando la pille como siempre, en mitad de vaya usted a saber qué temporada, y dándome cuenta de que “Frasier” ha sido una de las comedias más inteligentes y divertidas que ha pasado por la programación. Tras once temporadas, la historia del psiquiatra más snob e irascible de Seattle convirtió a su protagonista, Kelsey Grammer, en un icono más de la ciudad norteamericana. Y, por supuesto, en una de mis tres telecomedias favoritas de los noventa. Veamos por qué:

1. Frasier: La serie
Frasier Crane deja Boston, donde tiene su vida y sus amigos del bar, y se traslada a su ciudad natal de Seattle, donde le han ofrecido un programa de radio en una de las emisoras locales para ayudar a los oyentes que le llaman por teléfono. Tras unos meses disfrutando de su vida de soltero, su hermano Niles, también psiquiatra como él, le pide que aloje en su piso al padre de ambos, Martin, un policía jubilado prematuramente a causa de una lesión en la cadera. Dado que Martin necesita rehabilitación y una persona que pueda ocuparse de él durante el día, Frasier contrata a una fisioterapeuta, Daphne, que acabará de interna en su casa. Así, Frasier se encuentra con que su soñada vida independiente se ha vuelto un ejercicio de convivencia en el que deberá aprender a compartir su tiempo con una familia a la que tuvo ignorada durante muchos años. Y, por si eso fuera poco, también está Eddie…

2. Los personajes

Frasier Crane (Kelsey Grammer) es un psiquiatra que lleva tiempo sin ejercer en serio y que se ha trasladado a Seattle para distanciarse de muchas cosas tras divorciarse de su esposa Lilith (a la que ya vimos en unos cuantos episodios de “Cheers”), lo que también provocará cierto alejamiento del hijo de ambos, Frederick. Ha encontrado un trabajo que le gusta, en un programa nocturno de radio donde da consejos psiquiátricos a sus oyentes, aunque luego no es capaz de aplicarse ninguno cuando se trata de convivir con su padre, la fisioterapeuta de éste y Eddie, el perro de su progenitor. Excepcionalmente culto y esnob orgulloso de serlo, Frasier encuentra dificultades para relacionarse con un mundo más real del que a él le gustaría vivir. Ello le causa, cómo no, continuos problemas con el sexo opuesto, de forma que la serie también circula a lo largo de su búsqueda de la pareja “perfecta”. Si bien el personaje tiene ciertas diferencias con el de “Cheers”, éstas son mínimas y Frasier Crane mantiene el espíritu estirado e irritante que le caracterizaba en su periplo bostoniano.

Niles Crane (David Hyde Pierce), hermano menor de Frasier, también ejerce la psiquiatría en Seattle, pero en consulta privada. Está casado con Maris, una rica heredera de la que nunca veremos su rostro y muy raramente alguna otra parte de su cuerpo, pero de la que conocemos numerosos y turbios detalles sobre sus manías, sus alergias y sus problemas físicos. Tan esnob o más aún que su hermano, muestra además una afectación exagerada en sus gestos y su forma de hablar, aparte de una germofobia que le hace limpiar compulsivamente cualquier silla de un lugar extraño sobre la que tenga que posarse. La alta competitividad que ambos hermanos exhiben constantemente para ver quién es más culto y más instruido que el otro provoca la desesperación de su padre, que no pocas veces ha de mediar entre sus disputas. Pero el rasgo más característico de Niles es su adoración secreta y absoluta por Daphne, la fisioterapeuta de su padre. El personaje de Niles no estaba previsto durante el proceso de creación de esta serie, pero se introdujo cuando los creadores vieron el asombroso parecido físico entre Pierce y Grammer. No pudieron acertar mejor, ya que Pierce consiguió un récord absoluto de nominaciones consecutivas a los premios Emmy, once, y lo ganó en cuatro ocasiones.

Daphne Moon (Jane Leeves) es inglesa de Manchester y lleva tiempo viviendo en Seattle, donde se ha graduado en fisioterapia. Frasier la contrata para ocuparse de la rehabilitación de su padre, pero al final decide tenerla como interna en su casa, realizando también las tareas domésticas. Daphne es aparentemente ingenua, pero mucho menos de lo que da a entender, y aunque afirma tener ciertos “poderes psíquicos” para captar el carácter de la gente, nunca llega a darse cuenta de la fuerte atracción que provoca en Niles. Daphne exhibe con orgullo su procedencia británica y adora a su familia, a pesar de haber puesto un océano de por medio para alejarse de su control; ser la única mujer entre nueve hermanos también la ha dotado de un fuerte carácter y sentido de la supervivencia que en alguna ocasión tendrá que poner en práctica para sacar a los hermanos de un apuro. Por todo ello, su relación con Martin Crane es muy estrecha, casi filial, al ser caracteres muy parecidos.

Martin Crane (John Mahoney), padre de Frasier y Niles, es un policía retirado a causa de una herida de bala en la cadera cuando intentaba impedir un robo. Viudo desde hace años, la muerte de su esposa y su carácter diametralmente opuesto al de sus dos hijos hace que su relación con ellos se vuelva difícil. Por eso, al tener que trasladarse al piso de Frasier también tendrá que aprender a aceptar las manías de éste mientras que intenta imponer las suyas, como tener su viejo sillón delante del televisor y, sobre todo, que Eddie viva con ellos a pesar de que Frasier no soporta a los perros. Martin se desespera con frecuencia por lo que el considera debilidades de carácter de sus vástagos, aunque no pocas veces las aprovechará en su propio beneficio. Pero igualmente su experiencia en la vida le servirá para poner un poco de cordura en las “particularidades” de ambos.

‘Roz’ Doyle (Peri Gilpin) es la productora de Frasier en la cadena KACL y, a la larga, la mejor amiga que éste tiene. Treintañera muy atractiva y siempre dispuesta a tener citas, es el blanco de las bromas de Frasier por ese aspecto en particular, aunque el ingenio y la rápida lengua de Roz corresponden con pullas de alta categoría a nuestro protagonista, incluyendo cierta mala leche al pasarle llamadas cuando le tiene una cuenta pendiente). Mujer de mundo y con muchas tablas, busca también a su pareja ideal y decide ser madre soltera cuando tras una de sus relaciones queda embarazada. Roz es una productora de primera y aspira a dirigir su propia emisora de radio.

Eddie (Moose)
Eddie es posiblemente el ser vivo con el que mejor se lleva Martin Crane, y por eso se son fieles hasta la muerte. Martin no va a ninguna parte sin Eddie y Eddie no hace caso a nadie aparte de a Martin (y, sólo a veces, a Daphne). Le gusta fastidiar a Frasier cuando anda cerca, sabiendo que no es el mejor amigo de los canes, y su diversión favorita es mirarle fijamente completamente quieto hasta que Crane se desespera y se marcha, o le da lo que desea (por ejemplo el filete que se está comiendo). A la muerte de Moose uno de sus cachorros, Enzo, continuó con el papel hasta el final de la serie.

3. Las claves
“Frasier” vino precedida de una de las series más exitosas de la historia de la NBC, “Cheers”, y se comenzó a rodar en cuanto terminó ésta (de hecho, usaron el mismo estudio), por lo que ya arrastraba consigo una audiencia deseosa de saber qué había pasado con este personaje tan molesto y divertido. Aunque el protagonista no cambia mucho respecto de su predecesora, sí que se sofistica mucho más y se le eliminan elementos excesivamente bufos, si bien estos se van recuperando de cuando en cuando, si la trama del episodio así lo requiere. Por eso “Frasier” abarca varios tipos de comedia, desde la puramente romántica hasta el slapstick más despiadado, que suele aparecer en las numerosas tramas en las que Frasier intenta consumar una cita que acaba en rotundo fracaso. Las peleas entre los hermanos Crane suponen también una fuente muy prolífica de historias de enredo y equívocos. Pero también se deja sitio a la reflexión, como en el episodio en el que Niles pregunta a su hermano si es feliz y la respuesta, nada clara, abre paso a gags más elaborados.

Otros personajes colaboran también al éxito del show apuntalando la comicidad de éste. Desde los compañeros de la KACL, especialmente Bob “Bulldog” Briscoe (Dan Butler), el rijoso locutor de deportes al que le encanta hacer rabiar a Frasier por su ingenuidad, hasta la invisible Maris, de la que sabemos tantas cosas que realmente no queremos conocerla jamás. Un truco ya usado por los creadores de la serie en “Cheers” con el personaje de Vera, la mujer de Norm, y que aquí resulta tremendamente efectivo, incluso bastante después de que Niles y Maris se separen.

Seguramente es la continuidad del elenco la que más ha contribuido a hacer de Frasier una serie emblemática. Los mismos personajes, que ya parten de la madurez, crecen y evolucionan con sus situaciones y, sin cortar la vena cómica, se vuelven más sólidos conforme pasan los años. Sobre todo porque se mantiene la coherencia, dentro de lo que cabe en un show que se extendió durante once temporadas, y las posibles contradicciones no son excesivamente evidentes. La introducción en flashbacks del personaje de Hester Crane, la madre de Frasier y Niles, enriquece la descripción que los guionistas dan del carácter de ambos, pero sin agotar al espectador con explicaciones innecesarias ni exceso de información. Es una de las grandes virtudes de esta serie: trata al espectador como una persona normal y, a pesar de las risas enlatadas, no pierde tiempo explicando los chistes. No mostrar explícitamente el final de las tramas en cada capítulo, dejando al espectador el ejercicio de buscar una salida o conclusión, funciona perfectamente y elude la complacencia con el público. Otros elementos como la música (con la canción “Tossed salad and scrambled eggs”, interpretada por el propio Kelsey Grammer al final de cada capítulo) o la icónica cortinilla de entrada con el skyline de Seattle, redondean la presentación e identifican la serie sin fisuras.

4. Los fallos
Incluso con el esfuerzo evidente para mantener la calidad durante once temporadas, los últimos dos o tres años ya tiraban demasiado de los mismos motivos, así que se comenzaron a anudar los flecos sueltos para concluir la serie sin dejar demasiado a la imaginación y situando a los personajes en lugares cómodos para tranquilidad de la audiencia. No diría yo que la relación entre Niles y Daphne a partir de la temporada 8 sea el “salto del tiburón”, pero sí que renuncia a un recurso cómico muy eficiente en favor de otros, derivados de dicha relación, que no lo son tanto. Por lo demás, la introducción de nuevos personajes hacia el final, todos ellos pensados como parejas más o menos definitivas de los protagonistas, induce en ellos materia de sensatez que, al mismo tiempo, neutraliza sus virtudes, que son las de la serie. Todo pensado, claro, para dejarla bien cerradita a su conclusión, pero a costa de debilitar la comedia mientras eso ocurre.

5. Recuerdo y legado
Su efecto más directo me parece obvio: “Frasier” puso a Seattle en el mapa como lugar sofisticado y atractivo para el visitante, a pesar de que el show se rodaba en Los Angeles. El centésimo episodio sí se grabó en la propia ciudad con motivo del “Día de Frasier Crane” que el ayuntamiento de Seattle dedicó a la serie como agradecimiento, lo que también queda reflejado en la trama del propio episodio.

Si bien no consigo encontrar una relación directa de influencia entre “Frasier” y series posteriores, sí que es indudable el hito que marcó en la televisión norteamericana con un producto cuidado, muy bien estructurado y con personajes capaces de evolucionar en lugar de mantenerse en un estereotipo inmutable durante todas las temporadas. Los numerosos premios que recibió, especialmente Emmys de interpretación, dirección y guión, dan buena muestra de la predilección de público y crítica estadounidenses por los Crane, capaces de provocar sinceras carcajadas con su estirada visión de la vida. Y es curioso, porque no se trata de una serie enfocada típicamente al público familiar y, por ello, que procure llegar a todas las franjas de edad en sus diálogos o chistes, sino que tiene un target a partir de los treinta o cuarenta años, con tramas que enfocan la madurez en todos sus aspectos y dificultades, pero siempre dentro de sus tintas cómicas. Que “Frasier”, tanto por duración como por impacto en la audiencia, fuese un éxito tan rotundo dice mucho en favor del telespectador, no siempre tratado bien por creadores y cadenas. Así que, en ese sentido, puede que esta serie fuese una de las bases para las comedias más inteligentes de la última década. Tiempo habrá de juzgar si es así.

Próximo (y último) capítulo: Seinfeld

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