The Matrix Reloaded

Confieso que tardé bastante en ver la primera “Matrix” (1999), porque no me fiaba demasiado de una película en la que todo el mundo hablaba casi exclusivamente de sus efectos especiales, revolucionarios y todo lo demás. Ello se debe a la gran decepción que me llevé en su día con “Terminator 2” (1991), un film que también revolucionó los trucos de cine, pero que me resultó demasiado aburrido y pesado.
No obstante, acabé por verla, y me sorprendió, pues no sólo era un auténtico festín visual, sino que tenía una historia de corte apocalíptico muy novedosa y atractiva, que consiguió mantenerme enganchado durante más de dos horas y, por otra parte, acabó resultando un mito para una generación de espectadores, tanto como en su día “Blade Runner” (1982) lo supuso para la generación inmediatamente anterior.
Las mismas reservas me entraron a la hora de visionar esta segunda parte, llamada “Matrix Reloaded”, cuya historia ya se anunciaba de entrada como “de puertas abiertas”, es decir, planteando muchos interrogantes que no iban a quedar resueltos, al contrario que su predecesora que, a pesar de ser de final abierto, tenía un hilo argumental más o menos autoconclusivo. Mis reservas aumentaron conforme iban pasando las semanas y leía sucesivas reseñas sobre el film, casi todas incidiendo en lo complejo del argumento, lo que hizo que tardase más en verla, hasta poder hacerlo, al menos, en su versión original (en alemán me parecía ya una tarea poco menos que heroica). Y debo decir que esta vez la decepción ha sido bastante mayor que la sorpresa.

La película retoma la historia más o menos donde se acaba la primera: en el mundo “real” que es Matrix, desde el que las máquinas generan el mundo “virtual” que la mayoría de humanos vivimos, algo tenebroso se está gestando. Los rebeldes han vuelto a Zion (la ciudad donde se concentran todos los humanos que han escapado a los designios de Matrix) para descubrir que se prepara un ataque a gran escala por parte de las máquinas, que aplastaría la rebelión. Aunque no todos los habitantes de Zion creen en la profecía del Elegido (el humano que les llevaría a la victoria contra las máquinas, y que supuestamente es Neo-Reeves), Morpheus (Fishburne) consigue convencerles para que les den un voto de confianza, y parten a buscar de nuevo al Oráculo. Éste (Gloria Foster) les indica que hallen al desaparecido Fabricante de Llaves (R.D. Kim), que les podrá ayudar en su búsqueda de la Fuente, del origen de todo, antes de que las máquinas destruyan Zion. Pero Neo se enfrentará al mismo tiempo a una elección mucho más personal, de la que puede depender el futuro de la batalla.

Sin llegar a abominar de ella, debo decir que esta película no me ha gustado mucho, porque me da la sensación de que han querido meter demasiadas cosas en un espacio muy estrecho (y les hablo de una cinta que dura casi 140 minutos, que ya es decir). Eso no sería un problema si se compensaran las partes, pero cuando quieres incluir acción, intriga, suspense, drama, comedia e incluso filosofía (muy) compleja, no se puede hacer al revés, es decir, no puedes comprimir la parte filosófica en un corte de cinco a diez minutos, a toda prisa y con frases largas y rebuscadas, de manera que sólo si tienes “play”, “pause” y “rewind” eres capaz de entender todo lo que pasa (y eso, cuando hablamos de cine en sala, me parece un error de bulto) y, por otro lado, alargar las escenas de acción hasta el infinito sólo para justificar el presupuesto en efectos especiales, por otra parte espectaculares y muy conseguidos. Soy de la opinión de que una persecución en cine es algo muy delicado, que si no se hace bien o si se fía todo a la espectacularidad de un coche dando vueltas de campana, puede resultar un lastre para la película antes que un aliciente. Ejemplos de buenas (buenísimas) persecuciones: “Bullitt” (1968), “¿Qué me pasa, doctor?” (1972), o, de manera magistral, “The Blues Brothers” (1980); de persecuciones aburridas: “Terminator 2”, “Goldeneye” (1995) y, por desgracia, “The Matrix Reloaded”, que me llegó a recordar mucho a “El Equipo A”, con tanto coche volando por los aires (les faltó un jeep) y tan poca sustancia. Y para qué hablar de las peleas de Neo, sea con un Smith, sea con cien, sea con el chino ese de los saltos brutales… laaaaargas, laaaargas como un chicle Boomer, y francamente no encontré diferencia entre la primera, la del medio (cualquiera de ellas) y la última, salvo la música en cada una. Ya digo, muy logradas y no se hace notar el ordenador, pero muy pesadas de seguir. La ambientación, por otro lado está tan estupenda como en la primera, pero adolece de ese factor sorpresa que ésta presentaba (no tiene por qué ser un defecto esto, ojo, a fin de cuentas, hablamos del mismo argumento). En las escenas de “edificios”, particularmente en la residencia del Merovingio, los fondos y la iluminación están francamente bien hechos, creando una sensación de agobio similar a la de la primera película, algo que se pierde en las partes que tienen lugar en el interior de Matrix, donde los decorados se parecen excesivamente a los de películas como “Alien” (y sus secuelas), “Blade Runner” o, más directamente, la interesante “Dark City” (1998) de Alex Proyas; es decir, no aportan casi nada nuevo en lo visual, por lo que me da la impresión de que tras todo lo novedoso de la “Matrix” original, los Wachowski se han dejado llevar y han concentrado sus esfuerzos en las peleas y las partes de ordenador, olvidando el meollo de la cuestión.

Sobre la historia poco más que contar: a lo complicado de su seguimiento se une la escasez: “Matrix Reloaded” se centra mucho más en la parte de acción (que manda güebos, con perdón, es la más aburrida) y consigue, en algunas ocasiones, arrancar una mirada de asombro al que suscribe; pero realmente las partes donde hay una cierta profundidad argumental son pocas y van demasiado deprisa como para que te las puedas creer. Se podía haber hecho mucho más claro y conciso, no era necesario en realidad aumentar el metraje de estas escenas, sino más bien reducir el de las demás (a ver si alguien se entera de una vez que muy pocas películas se sostienen durante más de noventa minutos, por favor). Quiere ser filosófica, por otro lado, y se queda en “ida de olla” y, sobre todo, algo que me irritó profundamente: no acaba nada de lo que empieza. Volveré sobre ello al final.

Lo peor de la película son las interpretaciones: no, mirusté, hasta en las películas de acción hay que mantener un mínimo, e incluso en las de Schwarzenegger y Stallone se nota un trabajo de los actores para hacer la cosa más o menos creíble. Aquí, en cambio, lo plano abunda: desde un Keanu Reeves al que no se le puede pedir más porque nunca lo ha tenido (y por eso no le dan otro tipo de papeles) hasta un Laurence Fishburne increíblemente soso (¿dónde quedó su genial interpretación de Ike Turner?), pasando por una Carrie-Anne Moss que ha perdido el encanto de la primera película. Hugo Weaving está correcto, aunque su papel es realmente corto, pero es un buen actor al que identificamos perfectamente con Smith. Del resto de secundarios no hay mucho que decir, porque realmente nadie destaca por nada, con una excepción sorprendente: el habitualmente frío Lambert Wilson, que en el papel de Merovingio es capaz de sobresalir por encima del resto del reparto de tal modo que fue lo único capaz de hacerme reaccionar después de un buen rato de no saber muy bien lo que estaba viendo. Francamente, lo mejor de un grupo bastante regular (no quiero repetirme, pero… ¡qué decepción con Larry Fishburne!)

En suma, “The Matrix Reloaded” está hecha como un producto esencialmente de consumo, con un abrumador despliegue de medios y dinero que resultan en muchísima pirotecnia, demasiado ruido y realmente muy poco donde agarrar, que seguramente impresiona e impresionará a quienes la ven por la cantidad de efectos especiales, pero que si se rasca un poco se ve que no tiene mucho más. Mi impresión general, visto cómo han desarrollado el argumento, es que nos dicen “hacemos esta película para que te gastes el dinero en verla, y dejamos todas las historias a medias [pero ¡absolutamente todas!] para que tengas que ir &lquo;por güebos&rquo; a ver la tercera”. Y lo siento mucho, pero para mí eso suena a timo de los grandes, algo que puede funcionar si hay sustancia dentro, pero que en mi caso sólo provoca una sensación desagradable. La tercera película creo que se estrena en Noviembre; posiblemente vaya a verla, pero visto lo visto, les aseguro que si no lo hago tampoco voy a perder el sueño: es que no me gusta que me vacilen, ya ven.

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