Un Pez Llamado Wanda

Hoy les traigo un clásico moderno, dirigido por un clásico de los de siempre, e interpretado por prestigiosos actores que pronto alcanzarán la categoría de clásicos, si no lo han hecho ya.

En la década de los cincuenta, la productora británica Ealing filmó una serie de comedias cargadas de ingenio que tuvieron muchísimo éxito en el Reino Unido y se convirtieron años más tarde en películas de culto, con títulos como “Oro en Barras”, “El hombre del traje blanco” o “Pasaporte a Pimlico”, actores como Alec Guinness, Gordon Jackson o Stanley Holloway, y directores como Roy Ward Baker o Charles Crichton, una de las joyas de la Corona. Fueron filmes que entre otras cosas se soportaban sobre un personaje arquetípico: el del sinvergüenza elegante, no tanto por su apariencia como por sus actos, y donde se jugaba con un humor muy inteligente y cargado de ironía que hoy se echa mucho de menos.

John Cleese (cabeza pensante de los Monty Python) supo muy bien lo que hacía al convencer a Crichton para que dirigiera la que a la postre sería su última película. Rondando los ochenta, el director británico puso su sello a esta comedia de engaños como si una película Ealing se tratase, no sólo dirigiéndola sino colaborando en el guión de Cleese y, sobre todo, coordinando a un reparto que el resultado ha demostrado perfecto.

El argumento es manido, por típico, pero muy eficaz: un grupo de ladrones planea el robo de unas valiosísimas joyas con el fin de huir del país y vivir de las rentas: George (Tom Georgeson) es el cerebro; serio, frío, irritable y calculador. Wanda (Curtis) es su novia, una americana descarada que trae consigo a su amante, Otto (Kline), presentándolo como su hermano, para que se ocupe de las armas. Y Ken (Palin, también ex-Monty Python) es el brazo derecho de George, amante de los animales y cuya tartamudez no impide que sea un genio preparando fugas. En realidad, Wanda y Otto planean delatar a George y quedarse ellos con las joyas, pero los planes nunca salen como deben: George es detenido, las joyas han desaparecido y el cerco se cierra, por lo que Wanda se propone seducir a Archie Leach (Cleese), el aburrido abogado de su novio para intentar sacarle información, sin saber que en realidad va a introducir una nota aventurera en su gris existencia.

Ofreciendo sorpresa tras sorpresa, y doblez tras doblez, “Un pez llamado Wanda” sería lo que se llama un “divertimento” al estilo inglés, puramente “british” aunque dos de los principales actores sean americanos. Llevo años creyendo que los ingleses nos dan cada día lecciones sobre cómo reírse de uno mismo (y no aprendemos, claro), y en este film se da la enésima muestra de ello. No le busquen segundas lecturas, ni mensajes profundos: esto es comedia en estado puro, sin sal gruesa, sino con mucha finura, pero sin hacer concesiones. Cada personaje tiene una característica que ayuda al espectador a definirlo rápidamente: para Ken, su tartamudez y su amor por los bichos, particularmente a su pez favorito, Wanda; Otto es un personaje violento, cuasi-psicópata que lee a Nietzsche sin entenderlo ni de lejos y que odia que le llamen estúpido; Wanda es una amante del dinero y los lujos que se pone a mil cuando le hablan en italiano (o en ruso); y Archie, quizás el menos concreto, tiene como característica su propia y grisácea vida. Aunque nunca están los cuatro a la vez en pantalla, cada vez que se encuentran es como una lucha de titanes a ver quién consigue arrancarnos antes la sonrisa de complicidad, más que la carcajada fácil. Geniales son escenas como aquella en la que Archie se disculpa ante Otto… mientras éste lo tiene colgando boca abajo de una ventana. O la que intercala imágenes de Otto y Wanda follando como leones por un lado, y de Archie y su mujer preparándose para dormir en camas separadas, por el otro. O los enésimos intentos de Ken por cargarse a la única testigo de la fuga, una anciana cascarrabias con tres perros chillones, y los sucesivos funerales de los cánidos, en los que Ken llora desconsoladamente (“Miserere Dominus, canis mortus est”). O cuando Archie se va desnudando mientas le habla en ruso a Wanda, para encontrarse por sorpresa a… vale, no sigo para no contar la película entera. Pero está en todo: en los diálogos, en las miradas, en los escenarios, en frases como “Wanda, no tienes ni idea de lo que significa ser inglés. Siempre tan correcto, siempre temiendo decir algo inapropiado, hacer algo mal.”, que dice Archie. O en una de mis favoritas, por supuesto dicha por Otto (un genial Kevin Kline, mucho mejor para mi gusto en comedia que en drama, y por cuyo papel recibió un merecidísimo “Oscar”): “¡No estoy celoso!¡Los celos son para los débiles!. Ahora bien… tócale la picha, y es hombre muerto”. Una mención especial merece Maria Aitken, que en el papel de Wendy, la estirada esposa de Archie, intenta sin conseguirlo meter una nota de sensatez en su cada vez más desconcertante esposo, amén de que será protagonista de una lógica confusión de nombres.

Resulta raro que cuando se hacen esas listas sobre las mejores comedias de la historia nunca aparece esta obra maestra, donde nunca se recurre al chiste fácil, sino al humor a flor de piel, a veces por repetición (como cada vez que Otto está conduciendo), a veces por situaciones que de absurdas pueden hasta ser creíbles (la cortísima escena del juicio), o por el empleo con saña pero con mucha puntería de los tics (la tartamudez de Ken) y donde al final lo que menos importa es que unas joyas hayan sido robadas o que cada uno de los protagonistas intente darle la patada al otro, porque al estilo de sus antiguas comedias, Crichton consigue que tomemos partido por el que esté en pantalla en cada momento, incluso por el antipático de George, con tal de que las joyas no se las lleve Otto, o por Otto cuando Ken intenta cargárselo, por Wanda cuando es despreciada por Archie, y por Archie cuando vemos que su carrera está a punto de hacer aguas. Saltamos de uno al otro sin pensar que un minuto antes queríamos que les dieran “p’al pelo”, pero es que eso no importa, vamos participando de la historia como si fuéramos el quinto ladrón que observa lo que hacen los demás. Y encaja tan bien todo con todo, que podemos volver a ver la película varias veces y seguir pensando que puede acabar de distinta manera a como acaba. El mérito es de estos cuatro monstruos del cine, o mejor dicho, de los cinco, porque Crichton es quien hila finísimamente esta madeja de engaños y traiciones de tal manera que nunca estamos seguros de quién está timando a quien en esta endiablada carrera por ser el más sinvergüenza. Paradójicamente, Crichton recibió por esta película su única nominación al “Oscar”, por hacer algo que llevaba haciendo toda su vida (se lo llevó Barry Levinson por la flojita “Rain Man”, qué le vamos a hacer).

Es de presencia obligada en la estantería del buen aficionado al cine, en pocos sitios se ve un reparto tan ajustado a una historia, ni tanto ingenio interpretativo junto (¡y funcionando!). Un consejo: por favor, por favor si pueden véanla en versión original, aunque sea con subtítulos; buena parte de la genialidad está en las voces (quien haya visto, además, algo de los Monty Python, reconocerá fácilmente muchos “tics” de Cleese y Palin). Y una curiosidad: busquen al estupendo Stephen Fry, que sale un par de segunditos hacia el final. Pero sobre todo, sobre todo… véanla. Incluso aunque ya la hayan visto.

Comentarios
  1. Mariel Caraballo : 20.01.14

    Sr. Gillis, desde siempre he visto poquísima televisión y ahora llevo 6 años sin TV. Hoy he visto “Un pez llamado Wanda” y no puedo creer que hayan pasado todos estos año y yo sin haber visto esta joya! Le pediría si es tan amable, si me recomendaría para ver otras de este estilo. Muchas gracias. Su comentario me ha gustado mucho. Saludos cordiales.
    Mariel Caraballo

  2. Joseph Gillis : 20.01.14

    Hola, Mariel,

    me alegro mucho de ese descubrimiento. Como digo, la película tiene dos influencias claras: los films de la Ealing de finales de los cincuenta (de los cuales Chrichton fue un director destacado) y los Monty Python, dos de cuyos componentes participaron en esta película. Así que te recomendaría buscar las de este estilo (por ejemplo las mencionadas en el post u otras como “Un genio anda suelto”), o si prefieres perderte en el humor absurdo, directamente irte a los DVDs de Monty Python’s Flying Circus.

    Creo que no saldrás decepcionada.
    Un saludo.

Deja tus diálogos:

'Nombre', 'Correo' y 'Comentario' son campos requeridos.

Nombre

Correo Electrónico

Página Web

[Ayuda Textile]

 — 

Los textos originales de este cuaderno se encuentran bajo una Licencia Creative Commons. El resto son propiedad de sus respectivos autores.
Valida xhtml y css. Formatos disponibles para agregadores de noticias: atom y rss ( Suscribir).
Gestionado con Textpattern.


Datos de Taquilla