Juana La Loca

Confieso que he tardado bastante en ver esta película por dos prejuicios: el primero, que hasta ahora no había visto una película de Aranda que no me pareciese un soberano coñazo; el segundo, que no trago a Pilar López de Ayala y por principio todo lo que venga de “Al Salir de Clase” lo considero evitable. Tras ver “Juana la Loca” no me he deshecho del primer prejuicio, al menos no del todo, y en cambio sí del segundo.

Y es que esta película merece la pena verse sólo por el trabajo de esta increíble actriz, que me ha impactado desde el primer segundo que aparece en pantalla. La fuerza que le imprime al personaje, la explosión de sentimientos que despliega durante las dos horazas de metraje hacen que a uno se le olvide que el resto del film es más bien normalito, tirando a pesado, y en las pocas escenas en las que Juana no aparece lo único que desea es que se terminen pronto para poder disfrutar de nuevo de su presencia. “Juana la Loca” no se entiende sin Pilar López de Ayala, y la carrera de esta actriz va a estar marcada por este personaje. Punto.

Y es que a Aranda sí le reconozco una cosa, y es que sabe dirigir a las actrices, que por lo general se desviven por él, llegando al punto de que con ningún otro director están dispuestas a llegar a donde llegan con él (y sí, me estoy refiriendo también a los desnudos integrales, marca de la casa). Consiguió, por ejemplo, que en la infumable “Amantes” se salvara con nota el trabajo de la habitualmente insoportable Victoria Abril, lo cuál en opinión de este cronista es un meritazo. En “Juana la Loca”, además, consigue llevar de forma pasable una cosa tan complicada como una película histórica, aunque como siempre le ocurre, pasándose tres pueblos en la duración de la cinta, porque se pierde en algunos momentos en los que quiere dar más importancia precisamente a la Historia con mayúsculas que a la historia con minúsculas. Porque “Juana la Loca” es, ante todo y sobre todo, una historia de amor; mejor dicho, es una película sobre el amor, sobre el implacable monstruo que une a dos personas y que como si fuera un frasco del más potente ácido, corroe al ser humano por dentro llevándole a cotas físicas y psíquicas que en circunstancias normales no serían imaginables. Juana atraviesa las diferentes fases fases de este proceso: desde el virginal e inocente afecto que siente por don Álvaro, su capricho de infancia, hasta el puro dolor de amor que Felipe le hace engendrar, patente desde la primera escena en la que una reina ya al borde de la muerte sólo desea que ésta llegue pronto para poder reunirse en la eternidad con quien más le hizo sufrir, pero al que amó como a nadie. Entre medias, el puro deseo carnal, el vivir sola y conscientemente para satisfacer los apetitos de su esposo, que al mismo tiempo son los suyos propios, incluyendo como tales el otorgarle tantos hijos como desee; los celos ante la obvia infidelidad de su esposo, que le llevan a cometer los actos por los que tomaría su apodo y que a la larga fueron los que le privaron del trono en favor de su hijo Carlos (aunque ella nunca renunciase a la corona, y en realidad fuese reina hasta su muerte, poco antes que la del emperador); y, en fin, la furia desatada ante alguien a quien al mismo tiempo desprecia y ama incondicionalmente, sentimiento que la prematura muerte de su esposo provocará que ya nada pueda borrarlo de su alma. Todos estos niveles de fuego interior se reflejan en el rostro y en los gestos de la actriz, hasta el punto de que los diálogos me resultan muchas veces superfluos, pues con la mirada se adivina mucho más de lo que pasa por la mente de la reina que con cualquier insulto de los muchos que dirige a la causa de sus locuras.

Merece la pena ver “Juana La Loca” sólo por su protagonista, algo que raramente se puede decir de una película, mucho menos de una película española. Y merece la pena verla y deleitarse con esta prometedora actriz, a pesar de que el resto de su cohorte se le queda muy atrás, con unos personajes secundarios tan interesantes a priori como planos en su concepción, puesto que el resto de interpretaciones deja bastante que desear: Daniele Liotti está correcto a ratos como Felipe el Hermoso, pues le da al personaje el papel de guaperas putañero que la historia requiere, pero siempre está el espectador esperando algo más, algo que realmente justifique las locuras de Juana… mas no llega, no llega. Algo mejor está Manuela Arcuri como la amante mora del rey, si bien lo que le falla aquí a Aranda es definir mejor al personaje, hacerlo quizás más malévolo, más punzante, y en realidad no justifica su peso en la pantalla (aunque la Arcuri está bien rica, y si no lo digo reviento). El resto, bastante flojitos, si salvamos a Rosana Pastor como camarera de la Reina y sin terminar de entender qué pinta ahí Eloy Azorín, al que se le ve más despistado que otra cosa. Hace bien el director, sin embargo, al no meter más a los Reyes Católicos, salvo presencias puramente testimoniales, porque ya hubiese sido marear mucho la perdiz, y el carácter de Juana está perfectamente definido a lo largo de la película, gracias sobre todo a la actriz que lo encarna. Precisamente de lo insulso del resto del reparto es de donde se deduce el mayor mérito que tiene el fenomenal esfuerzo de Pilar López de Ayala y, de hecho, son las escenas en las que ella interviene las que primero surgen en la memoria de quien ha visto este film. Por algo será.

Sin ser excepcional, ni siquiera una buena película sensu stricto “Juana La Loca” es una buena muestra de que en España se puede hacer un cine histórico más o menos decente si se saben escoger los personajes y, sobre todo, las historias que se cuentan. En ese sentido siempre hay que fijarse en el tratamiento que el cine americano da a las películas “de época”, sacando buenas historias incluso de anécdotas aparentemente irrelevantes. Y, teniendo en cuenta que la Historia de España es tan amplia como rica en acontecimientos y protagonistas, bueno sería que “Juana La Loca” supusiera un primer jalón en el camino para nuestro cine moderno, como medio de que el público conozca de otro modo su propia esencia histórica. Si, además, se hace con actrices del calibre de Pilar López de Ayala, doblemente mejor, incluso a pesar de Vicente Aranda. Sólo les digo esto: creo que es la única película de este director que voy a ver dos veces. Y eso, créanme, es un hito para quien esto escribe.

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